martes, 16 de octubre de 2012
EL PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA 2012
Chávez y la
paz colombiana
Por: Darío Acevedo Carmona
Fuente: El Espectador
La formación del poder político
bajo el procedimiento democrático está lejos de ser un tema cerrado y
totalmente agotado.
La democracia es tan abierta que en
muchos países sus enemigos totalitarios usan y abusan de su generosa apertura
para luego aplicarle cerrojos y estrecharla hasta la anulación. Lo que acaba de
suceder en Venezuela con la elección de Hugo Chávez Frías es un claro ejemplo
de cómo atropellar la democracia desde dentro y presentarse como defensor de la
misma. Después de haber intentado acceder al poder por medio del golpe de
estado en 1992, Chávez lo alcanzó por vía electoral y por la misma vía se ha
sostenido en él. ¿Pero, se puede admitir que esa es condición suficiente para
sostener que Chávez es un demócrata y que en Venezuela reina la democracia?
Casos documentados brinda la
historia acerca de cómo proyectos y caudillos dictatoriales se hicieron al
poder por medios electorales. Desde Luis Bonaparte que luego de triunfar por
sufragio universal convocó un plebiscito en 1851 para anularlo y proclamarse
emperador de Francia, situación que Marx aprovechó para lanzar su famosa frase
de que la historia se repite como tragedia o como comedia en su texto “El 18
brumario de Luis Bonaparte” al comparar a este con su tío Napoleón. El
experimento de este personaje llevó a acuñar el término “bonapartismo” para
caracterizar a aquellos gobernantes que usan la democracia y las elecciones que
luego anulan para convertirse en dictadores.
Lenin, a su manera y con la idea de
implantar el comunismo, orientó desde la biblia de los comunistas rusos el “Qué
hacer”, la tesis de aprovechar la democracia burguesa, que detestaba, como medio
para llegar a las masas y preparar la insurrección para instaurar la dictadura
del proletariado.
En octubre de 1917 al frente de un
partido pequeño pero disciplinado tomó el poder y luego en una encarnizada
guerra civil eliminó a todos los partidos desde los zaristas hasta los
republicanos, liberales, socialdemócratas y marxistas reformistas. El fallido
experimento soviético se sostuvo por métodos represivos y elecciones en las que
“participaba” el 99.99% de la población, hasta 1991. Similar proceder usaron
los dictadores de extrema derecha, Mussolini en Italia y Hitler en Alemania.
Ambos triunfaron en elecciones y convocaron y manipularon sus resultados para
legitimar sus proyectos racistas, xenófobos y ultranacionalistas con los que
derramaron la sangre de millones de víctimas.
De modo que, elecciones por
montones, como las que han tenido lugar en la Venezuela chavista, que
despiertan la admiración delirante de poetas y de no pocos liberales, no
remiten necesariamente a una democracia. Allí donde el gobernante controla los
demás poderes, la libertad de prensa, exorbitantes sumas de petrodólares para
repartir entre la población que es tratada, así, como súbdita, donde se halaga
a las tropas con prebendas y se las politiza para que dejen a un lado su misión
constitucional, entre otras prácticas innombrables, no puede hablarse,
seriamente, de una democracia.
Lo que vendrá en los años
siguientes para la Región es la consolidación del proyecto bolivariano chavista
y la búsqueda de su extensión a los países aún renuentes. Sin embargo, la
pregunta obligada para Colombia es ¿de qué forma la victoria de Chávez incidirá
en nuestro destino, y, en particular, en las negociaciones de paz? Además de la
gratitud con Santos por reconocerle sus méritos en las negociaciones de paz,
considero que Chávez tiene dos caminos a seguir. De un lado, le conviene
mantener la presión sobre la guerrilla fariana para que llegue a un acuerdo con
Santos. Este acuerdo lo proyectaría como líder continental pacifista no
interesado en promover o expandir su proyecto a sangre y fuego y desvirtuaría
las sospechas de colaboración con las guerrillas.
En otra dirección, y en consonancia
con su contundente victoria, puede optar por mantener su apoyo a las
negociaciones pero sin presionar a la guerrilla a firmar a cualquier precio un
pacto de paz y simultáneamente apoyar con generosos recursos la formación de un
amplio movimiento de masas probolivariano en Colombia. A su favor cuenta con
avanzadas muy importantes como el grupo Marcha Patriótica que se está
posicionando como frente de batalla civil, también hay células prochavistas en
el Movimiento Bolivariano Colombiano. Los partidos comunistas, el legal y el
clandestino, y hasta el Polo Democrático, apoyan y simpatizan con el proyecto
que se propone, en el mediano plazo, transformar a Colombia, de actual piedra
en el zapato, en miembro del Alba y del socialismo bolivariano. Intelectuales y
políticos “progresistas” así como “personalidades democráticas” están a la
expectativa.
Esta última opción es la que mejor
encaja en la teoría leninista de la combinación de todas las formas de lucha y
es la que satisface a águilas y halcones de la insurgencia y de la izquierda
radical que no quieren deponer su voluntad de enrutar el país por el sendero
revolucionario. Un paso en esta dirección fue la semana de los indignados que
acaba de concluir con la convocatoria, fallida, de un paro nacional. La
proclama del Movimiento Continental Bolivariano expedida en el II encuentro
realizado en Quito (febrero de 2008) permite apreciar la solidaridad de los
socialistas bolivarianos con la causa colombiana.
En ella reafirmaron “La
necesidad de librar todos los combates… de emplear todas las formas de lucha
para cambiar el sistema: las luchas pacíficas y no pacíficas, las manifestaciones
cívicas, las insurgencias de las clases y sectores oprimidos…” y concluyeron
que “En este plano, el proceso colombiano asume una importancia singular, tanto
por su ubicación geoestratégica como por la confluencia de altos y nuevos
niveles de desarrollo político y militar en las fuerzas de cambio…(y) Se
convierte en el eslabón más próximo a una ruptura revolucionaria”. No es
difícil concluir, pues, que estamos en la mira del proyecto chavista y que las
negociaciones de paz pueden encajar en dicha estrategia.
Darío Acevedo Carmona
* Doctor en Historia y profesor
Titular Universidad Nacional de Colombia.
• Darío Acevedo Carmona |
Elespectador.com
viernes, 5 de octubre de 2012
LA INJUSTA JUSTICIA CONTRA LOS MILITARES COLOMBIANOS
Bogotá DC, octubre 3 de 2.012
PRONUNCIAMIENTO
DEL CUERPO DE OFICIALES DE LA RESERVA ACTIVA DE LAS FF.MM. PERTENECIENTES A LA
ASOCIACION COLOMBIANA DE OFICIALES EN RETIRO (ACORE) Y AL CUERPO DE GENERALES Y
ALMIRANTES (CGA).
Carta abierta a la opinión pública en relación
con graves y preocupantes actuaciones de la Fiscalía General de la Nación en
contra de miembros de las Fuerzas Militares.
Doctor
Eduardo Montealegre Lineth
Fiscal
General de la Nación
De todos es
bien sabido que corresponde a la Fiscalía General de la Nación investigar los
delitos cometidos por particulares y acusar a sus posibles infractores ante los
juzgados y tribunales competentes.
Los delitos
cometidos por militares en servicio activo que tengan relación con el servicio,
siempre han sido de competencia exclusiva
de la Justicia Penal Militar.
Lamentablemente,
un equivocado convenio de carácter administrativo suscrito en el año 2006,
entre la Fiscalía y el Ministerio de Defensa, dejo sin piso jurídico el Fuero Militar consagrado en
la Constitución Nacional.
En el
momento actual cursa una demanda de nulidad contra este irregular convenio ante
el Consejo de Estado, por evidentes vicios de inconstitucionalidad.
Mientras
tanto, el citado convenio le ha estado otorgando a la Fiscalía, la facultad de
conocer unas conductas penales que constitucionalmente no le corresponden.
En estas
circunstancias, y aprovechando la doble potestad que tiene para investigar y
calificar estas conductas, ha venido ejerciendo durante los últimos seis años,
una persistente y extralimitada
persecución contra quienes tiene la noble responsabilidad de defender y
proteger nuestra soberanía e
instituciones democráticas.
Esta injusta
persecución, está creando en nuestras tropas una pérdida gradual y creciente de
su voluntad de lucha para la defensa de este país, frente a la constante
agresión de las diferentes
organizaciones terroristas y bandas criminales que afectan el orden y la tranquilidad pública.
Los
resultados obtenidos, no pueden ser más preocupantes y desalentadores:
Tenemos cerca de doce mil hombres fuera de combate
por inexplicables decisiones judiciales. Más de tres mil encarcelados. Hay mas
militares en las cárceles que miembros de las peligrosas organizaciones
terroristas. No hay confianza en el sistema procesal que se les aplica. La
ausencia de garantías los obliga a afirmar constantemente:…..“Somos
investigados y juzgados por el enemigo.
No por el Estado.”. No se les tiene en cuenta el principio de presunción de
inocencia. Con cualquier pretexto se les castiga por uso desproporcionado de la
fuerza. Jueces y fiscales ignoran la realidad y las circunstancias propias del
combate. En la gran mayoría de los casos, sus decisiones son abiertamente
politizadas y carentes de sustento probatorio.
Independientemente
de lo anterior, muchos de los que vienen
siendo investigados por la justicia ordinaria, alegan también la comisión de varias
irregularidades de tipo procesal. Estos son algunos de sus testimonios:
- Práctica
de diligencias sin presencia de los implicados o de sus abogados defensores.
-
Habilidosos montajes con familiares de supuestas victimas o falsos testigos
para acusar sobre la comisión de diferentes delitos.
-
Obstaculización y uso de todo tipo de impedimentos para controvertir o
contrainterrogar a falsos testigos.
-
Ofrecimiento de distintos beneficios judiciales a los sindicados, bajo el
compromiso de presentar testimonios que responsabilicen penalmente a sus
comandantes en los diferentes niveles del mando.
- Amenazas
de adelantar procesos por falso testimonio, en caso de llegarse a retractar por
las acusaciones proferidas contra sus superiores.
-
Utilización inescrupulosa y frecuente de
la figura legal de la supuesta “coautoría”, para vincular en un mismo proceso,
a todos los integrantes de las unidades
militares que sean objeto de investigación.
-
Considerar como tendencias homicidas y por consiguiente agravantes punibles,
los cursos y especializaciones de combate o condecoraciones por servicios
distinguidos en orden público, que hayan obtenido los implicados.
-
Violación del fuero carcelario y la
aplicación inmediata de medidas de
aseguramiento sustentadas con falsos argumentos.
-
Utilización sistemática de los medios de comunicación para producir condenas
apriori ante la opinión pública, con flagrante violación de la reserva del
sumario.
Para
completar este cuadro de irregularidades cometidas de manera constante
contra militares, distintos
pronunciamientos formulados ante los medios de comunicación, dejan la preocupante impresión de estarse
favoreciendo, quizás sin querer, a
quienes se encuentran en la orilla opuesta de estos defensores de la patria.
Veamos
algunos de estos pronunciamientos:
- Los pobres
resultados en los procesos relacionados con los llamados “falsos positivos”,
han obligado a la fiscalía a la conformación de un gran equipo de investigadores y de diferentes especialistas, bajo la orientación del ex juez español Baltazar Garzón, para revisar
prioritariamente todas las
denuncias existentes sobre estos casos y también con las que tiene que ver con
el exterminio de la Unión Patriótica.
- Estas
investigaciones no se harían como casos individuales o aislados, sino como
“delitos de sistema” para garantizar mejores resultados y comprometer más
fácilmente al Estado en el pago de millonarias indemnizaciones.
- La
recuperación del Fuero Militar, generaría la excarcelación masiva de militares
por la pérdida de competencia en cerca de cuatro mil casos que investiga la
Fiscalía. De ocurrir esto, no se haría entrega a la Justicia Penal Militar, de
muchos de los procesos relacionados con violación de derechos humanos. La única
salida ante esta situación, seria la justicia civil, para evitar la impunidad y
la eventual intervención de la Corte Penal Internacional.
- La
Fiscalía será objeto de una importante reingeniería, particularmente en las
unidades de Derechos Humanos y de Justicia y Paz.
- Sobré el
caso de las intervenciones de la ex senadora Piedad Córdoba en el Departamento
del Cauca y sus actuaciones registradas en un video hecho publico, en el
cual acusa falsamente al Ejercito del
asesinato de un indígena con uso de explosivos o minas "quiebra
patas", incita a la desobediencia civil o la asonada, manifiesta la
necesidad de “ tumbar” al Presidente de la Republica y sacar por la fuerza a
los militares de sus Bases, la Fiscalía
anuncio que estudiaría la posibilidad de abrir una investigación,
únicamente en caso de encontrar merito para ello. Sin embargo, al referirse a
unos correos electrónicos cruzados desprevenidamente a través de la red de
internet entre varios oficiales de la reserva, donde consideraban la necesidad
de remplazar al primer mandatario por promesas incumplidas, anuncio exhaustivas
y rápidas investigaciones porque en este caso, si había una clara
violación del orden legal.
Como se
puede apreciar, el contenido de estos pronunciamientos, constituyen sin lugar a
dudas, unos claros mensajes en los cuales, además de manera
alarmista, se aprecia una evidente hostilidad contra los militares y una
gran prevención respecto a sus actuaciones.
Su posición
frente a la recuperación del Fuero y la competencia que le corresponde a la Justicia
Penal Militar, es totalmente adversa.
Sus
sesgadas y favorables posiciones frente a las actuaciones de algunos personajes
de la izquierda radical, también se hace muy evidente.
Por
principios elementales de igualdad, y en
razón al importante cargo que desempeña, debería igualmente pronunciarse respecto a las conductas delictivas de
los grupos armados terroristas y sus
organizaciones de apoyo y anunciar fuertes medidas de carácter procesal para
investigarlos, ojala con la misma drasticidad con que se hace para con los
militares. Los procesos adelantados por la llamada FARC-POLITICA, no son objeto
del mismo tratamiento. Los asesinatos de los Generales Landazábal, Quiñones y Ramírez
Sendoya, han quedado en la total impunidad. ¿Serán declarados como crímenes de lesa humanidad para
evitar su prescripción?
Señor
Fiscal: para terminar, queremos ser enfáticos en afirmar, que bajo ninguna
circunstancia, se está pidiendo impunidad. Lo que aquí se exige, no es otra
cosa que justicia, reparación y verdad.
Con toda
atención,
General
Héctor F. Velasco Ch.
Brigadier General Jaime Ruiz Barrera
Presidente CGA Presidente Nacional de
ACORE
miércoles, 19 de septiembre de 2012
PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA
Unanimismo mediático
Autor: Iván Garzón Vallejo
Fuente: El Mundo
Fecha: 15/09/2012
Autor: Iván Garzón Vallejo
Fuente: El Mundo
Fecha: 15/09/2012
Paradójicamente la salida de Francisco Santos de RCN La Radio suscitó poco debate en los medios de comunicación. Quizás como no se trató un periodista de izquierda o antiuribista, se oyeron pocas voces expresando solidaridad o cuestionando esta sutil forma de censura y de vulnerar la libertad de expresión que consiste en marginar a un periodista cuando sus opiniones son incómodas. Algo similar había ocurrido con el atentado contra Fernando Londoño: pocas voces de solidaridad entre los periodistas, y brillaron por su ausencia los reclamos por la libertad de expresión, a pesar de que la víctima dirige un programa radial y escribe una columna de opinión desde hace muchos años, por lo cual, bien podría ser contado en el gremio periodístico.
Si la voz que hubieran tratado de silenciar fuera de otro signo político, habríamos escuchado el estribillo que oímos cuando cerraron la revista Cambio, cuando El Espectador dejó de ser diario y se convirtió en semanario, cuando la Corte Suprema anunció que iba a demandar por injuria y calumnia a Cecilia Orozco y a María Jimena Duzán. Pero no fue así. El mensaje parece ser claro: solo quienes tienen ciertas posturas políticas son dignos del reconocimiento de sus colegas, de la solidaridad del gremio periodístico. Quienes están ideológicamente a la derecha no gozan de tal prerrogativa: allá ellos con sus ideas, al fin y al cabo, siempre son sospechosas de ser extremistas y desestabilizadoras.
Los medios de comunicación obedecen, sin excepción, a intereses políticos y económicos. Por eso la imparcialidad y la neutralidad predicada por algunos periodistas es ilusoria, o una fórmula para despistados. Sin embargo, los medios cumplen una función pública, la de informar, y por eso tienen una responsabilidad con la sociedad, que espera que dicha información sea veraz y relevante públicamente.
Si los dueños de RCN decidieron entregarle al Gobierno la cabeza de Francisco Santos porque era un crítico reiterativo, están en todo su derecho. Si los medios capitalinos siguen dispuestos a tratar con suma benevolencia al Gobierno de Santos y hacerle el favor de contribuir a caricaturizar o invisibilizar a los críticos del mismo, también están en su derecho. Que las razones de uno y otro comportamiento sean económicas o políticas no es lo más relevante. Lo relevante es: ¿esta falta de independencia ante el Gobierno o ante un grupo empresarial comprometen la seriedad, la veracidad y la relevancia de la información que publican?
Políticos y empresarios deben ser conscientes que si bien están en su derecho de cooptar a la prensa, con este comportamiento le hacen un gran daño a nuestra democracia. Porque una democracia necesita que el pluralismo y la diversidad de opiniones no solo sean unas bonitas palabras, sino una realidad. Y ciertamente, unos medios excesivamente oficialistas como los estamos viendo le impiden a los ciudadanos tener una visión de las cosas diferente de la que obedece a intereses políticos y económicos. También evitan por omisión indagar sobre temas de importancia pública que requerirían estar en la agenda. Y además de comprometer su credibilidad, su mayor activo, corren el riesgo de no informar, sino de servir como propagandistas y legitimadores de los intereses de los poderosos.
Por lo anterior es infortunado que la mayoría de los medios de comunicación capitalinos hayan entrado a la Unidad Nacional. El Gobierno ganó unos defensores acuciosos e incondicionales. Y los ciudadanos perdimos posibilidades de mirar la realidad críticamente, y evitar ser tontos útiles. Pero van quedando pocas alternativas.
Oficina de Prensa Cuerpo de Generales y Almirantes en Retiro CGA
www.cga.gov.co
miércoles, 12 de septiembre de 2012
PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA
Disyuntiva de la Paz.
Por: Mayor General
Ricardo Rubianogroot Román.
Centro Colombiano
de pensamiento político militar. Magister en Seguridad y Defensa Nacional.
Por ser
este acontecimiento transcendental y significativo para la historia futura del
país, para estos días el comentario habitual entre personas de todo nivel, en las
noticias en medios escritos y hablados, los editorialistas, articulistas
especializados y con conocimiento, los expertos y aun los que no dominan el
tema, pero que desean opinar, están centrados en el proceso de paz.
Quisiera tener
el poder de escudriñar en los pensamientos íntimos de las personas que claman
por este proceso y conocer si han profundizado sobre su significado y la dificultad
de su logro, pero, por encima de todo, sobre sus implicaciones y alcances, que
sin duda afectarán a cada uno de los Colombianos, en mayor o en menor medida,
pero todos sin distingo, tendremos que asumir las consecuencias de lo que un
proceso de esta magnitud presupone.
En mi
entorno y entre las personas que como yo tenemos la vocación y hemos consagrado
nuestra vida al servicio de nuestro país, al percibir y entender que la
voluntad de sentarse en la mesa de las negociaciones ya es una realidad y una
decisión de gobierno, se formulan ideas, disimiles acaso, pero siempre
enfocadas y encaminadas a buscar lo mejor para nuestra Patria.
Invito a
que, ante este escenario y nuevo intento, procuremos acertar con el concurso de
todos para que las condiciones que ostentamos actualmente al interior de
nuestras Fuerzas Militares no cambien desfavorablemente, que el pie de fuerza
de nuestras Instituciones sea apropiado para preservar la seguridad interna y
externa de la Nación, que la Justicia aplicada a nuestros hombres, sea
precisamente eso y se ejerza con templanza y moderación, sin intenciones de
vindicta, con imparcialidad, rectitud y probidad, con sentido de equidad y
legalidad y con la severidad que corresponda a la conducta seguida por nuestros
hombres y nunca con prerrogativas, dispensas y excesos entregados a nuestra
contraparte, que el accionar de nuestros hombres sea juzgado por la
jurisdicción apropiada, con un fuero que permita actuar a nuestros militares
con tranquilidad y con la convicción de que su desempeño será evaluado por
expertos y conocedores del entorno operativo en que actúan los militares, que las
condiciones sociales en cuanto a remuneración, salud y vivienda de nuestros
hombres no cambien para entregar privilegios a quienes han azotado abusivamente
a nuestros ciudadanos, a nuestros pueblos, a la infraestructura y han impedido
que el país sea mejor.
Los
“dolientes” que van a trabajar en este proceso, enfocados a defender nuestro
futuro y el de nuestras familias, deben ser apoyados y asesorados
inteligentemente.
Es el
momento de destinar nuestras energías, nuestro conocimiento, nuestra
experiencia y nuestra fe, a lograr el mejor futuro para activos y retirados e
impedir que nuestras condiciones institucionales y prestacionales se vean
afectadas y que nuestros valores y principios se vean mancillados. Ya es una
decisión de Gobierno, acertada o no, la historia nos dar la respuesta, entretanto
trabajemos y procuremos conservar el honor de nuestras Fuerzas Militares y que
se den las condiciones sin deteriorar lo que a pulso y con firmeza hemos
logrado.
sábado, 1 de septiembre de 2012
¿Perdimos la guerra? MIGUEL GÓMEZ MARTÍNEZEl mayor triunfo de la guerrilla es haber convencido a los líderes de opinión en Colombia que la victoria militar no es posible. Con la excepción de Álvaro Uribe, todos los mandatarios colombianos desde la época de Belisario Betancur repiten sin cansarse que la única opción que tenemos es la negociación. También lo sostienen la totalidad de los medios de comunicación, los líderes empresariales, los políticos, las ONG e incluso algunos militares.Si existe este consenso tan amplio, ¿por qué no es posible la paz? ¿Por qué llevamos décadas sin resolver el problema? ¿Por qué Colombia tiene el conflicto interno más largo de la historia? Contrario a lo que creen los oportunistas de la paz, no hay paz porque no hemos querido ganar la guerra. La historia de la humanidad confirma una y otra vez que la paz es el fruto del triunfo en la guerra. No hubo paz en Europa mientras no se derrotó a Hitler. No hubo paz mientras no se derrotó a Napoleón, no hubo paz en Vietnam hasta que las guerrillas comunistas no derrotaron a los Estados Unidos.Algunos dirán que Colombia sí ha pagado el precio de la guerra. Invocarán los miles de muertos, los secuestrados, los mutilados, los huérfanos, las viudas y los millones de víctimas. A pesar de esas horribles y dolorosas cifras, la verdad es que esta sociedad, desde su independencia, ha tenido violencia pero no ha enfrentado una guerra. El siglo XIX es la demostración evidente de que los conflictos nunca se resolvían de manera definitiva y por ello resucitaban periódicamente. Las victorias y por lo tanto las derrotas eran simbólicas; las negociaciones de paz no eran sino altos al fuego temporales esperando un cambio de entorno más favorable para alguna de las partes. Tal vez la excepción sea la Guerra de los Mil Días -en la que un ejército venció militarmente al otro- y por ello pudimos gozar de más de cuarenta años de paz ininterrumpida.El Gobierno tiene una agenda para volver a justificar la apertura del diálogo con la guerrilla. Con gran habilidad ha ido moviendo sus fichas para convencernos de que, en esta ocasión, la guerrilla tiene el deseo de no engañarnos. La reforma constitucional denominada “marco jurídico para la paz” define lo que el Estado le ofrece a la guerrilla: impunidad para las acciones contra los derechos humanos y los crímenes de guerra. Luego de haber aprobado la ley para las víctimas, el Congreso aprobaría para tal fin una ley para los victimarios.A pesar de las múltiples frustraciones de los procesos de paz, la mente de los colombianos sigue dominada por el escenario del diálogo. Estamos convencidos de que podemos evitar el duro camino de la victoria militar. Muy a la colombiana, queremos comernos el pastel sin engordar. Así no sea políticamente correcto afirmarlo, el camino de la paz ha estado siempre antecedido del horror de la guerra.La guerra podemos haberla perdido ya en las mentes. Y como la hemos perdido, las condiciones de paz nos las impondrá el triunfador, en otras palabras la guerrilla.Suena fuerte pero para tener derecho a la paz hay que pagar el precio de la guerra.*Representante a la Cámara
jueves, 16 de agosto de 2012
Guerra jurídica contra los militares
¿POR QUÉ SE HACEN LOS LOCOS?
Por: Coronel Gentil Almario Vieda
Toda Colombia, su Presidente, el pueblo,
los medios de comunicación, los poderes del Estado saben que las Fuerzas
Militares enfrentan una guerra sin protección jurídica y que la Justicia que
los destroza está en manos del enemigo y sus secuaces, con muy contadas excepciones.
El tema se ha tratado a regañadientes y con sordina en
la televisión, la radio y la prensa escrita, intentando farisaicamente jugar a
todas las bandas al publicar lo que
dicen y escriben quienes no comulgan con el estado de cosas que
están haciendo que el país recaiga en poder de los terroristas de las FARC y el
ELN.
Debe tomarse conciencia de la apología que por la
mayoría de los medios se hace a los bandidos, el despliegue que se da a los
agentes de los terroristas, secuestradores y narcotraficantes. El apoyo que
esos medios dan a miembros de las FARC y
el ELN cuando abierta y descaradamente arengan a los delincuentes alentándolos
en contra del Ejército y del gobierno con el argumento de que todo el mundo es
libre de decir lo que quiera.
No pretendo enumerar la cantidad de afrentas,
injusticias y desafueros de que son víctimas los militares y que conoce la
opinión pública, como son las condenas con testigos falsos o comprados y en
general fabricadas por fiscales y jueces siguiendo consignas manchadas con
ideologías políticas contrarias a los principios que defienden las Fuerzas del
Orden en cumplimiento de la Constitución Nacional.
Es sabido también que el sistema operacional del
Ejército ha sido intervenido en forma tendenciosa y absurda de manera tal que
se favorece al terrorista y se vulnera la protección legal del combatiente que
lucha por la integridad del Estado. Es conocido que el Comando General de las
Fuerzas Militares con la presión y auspicios de un genio que fue Viceministro de Defensa
estableció un compendio de normas que se llamó pomposamente “REGLAMENTO
JURÍDICO OPERACIONAL” que deben cumplir
como guía las Fuerzas en combate y que atentan contra el
soldado en su integridad y favorecen escandalosamente al bandolero.
Solo me referiré a una de esas monstruosidades que
consiste en que en acciones de combate el soldado no puede disparar su arma
contra su enemigo sino hasta cuando el bandido lo haya hecho contra él. Esto
solo tiene una manera de entenderlo: debe dejarse matar.
Este demoníaco mamotreto no tiene antecedentes en
Colombia ni en ningún ejército del mundo. Fue producto de
presiones de organismos internacionales como La Cruz Roja Internacional
y otros engendros en su condición de ONGs, favorecedoras de los derechos
humanos de los terroristas. Es oportuno recordar que el militar colombiano no
tiene derechos humanos.
¿Quien en estas circunstancias, adobadas con otras de
igual estupidez, que están en plena vigencia, querrá entrar en combate a
sabiendas de que el Estado no le brinda la más mínima seguridad jurídica?
¿O es que alguien se imagina que el militar no piensa y
no ve lo que jurídicamente se está haciendo con él poniéndolo ante la
alternativa de su sacrificio o su ingreso a La Picota?
Se dice en diversas formas y con palabras diferentes
que la Fuerza Pública está desmoralizada y que es una de las causas por las
cuales la Seguridad Democrática está en retroceso.
El presidente de la República ha dicho que hablar de
desmoralización del Estamento Militar es una afrenta. Cambiémosle el nombre y
digamos entonces que no están desmoralizadas sino desmotivadas que a la postre
es lo mismo.
A pesar de lo dicho tenemos la convicción de que las
Fuerzas Militares están combatiendo a pesar de todo y están mostrando
resultados. Si hubiera la honestidad política y jurídica indispensables para
dar la mencionada protección jurídica al combatiente la guerra ya hubiera
terminado y otra sería la historia.
La guerra no se gana sin el respaldo de toda Colombia y
Colombia es el Pueblo, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder
Judicial. Desafortunadamente da la impresión de que cada uno de ellos anda por su lado. No existe como Objetivo Nacional
ganar la guerra. Todos los argumentos que se esgrimen al respecto son para
favorecer y apoyar a los terroristas
enemigos del Estado en el logro del objetivo fundamental que no han logrado, de quebrar la voluntad de lucha de sus Fuerzas
Militares.
Todo esto es sabido ampliamente. También se sabe cuál
es el remedio. Entonces ¿por qué se hacen los locos quienes tienen la
obligación moral y legal de poner coto a tamaña injusticia en lugar de todos
los días quejarse como las vírgenes necias a sabiendas del mal que están
haciendo al país en el orden social, económico y moral?
Cor. GENTIL ALMARIO VIEDA.
domingo, 5 de agosto de 2012
La guerra jurídica contra los militares
Redireccionamiento
Por: MG Ricardo Rubianogroot Román
Miembro del Centro Colombiano de
Pensamiento Político-Militar
Máster en Seguridad y Defensa
Nacional.
Es inquietante y causa
intranquilidad el evidente deterioro del nivel de seguridad que el país había alcanzado;
por ello, aunque faltaba mucho camino por recorrer, sin duda aquella situación
resultaba mejor que la actual.
Ese notorio menoscabo
de las condiciones, que el gobierno ha calificado de percepciones, se ve reflejado
en encuestas, como la recientemente publicada por varios medios de
comunicación, en la cual se plasma la realidad dominante de nuestra
Nación. Resultaría redundante e innecesario repetir en este escrito el
contenido de la misma, ya que lo procedente y aconsejable es hacer propuestas
para corregir el rumbo de lo que está sucediendo y sugerir acciones que
permitan retomar el sendero y encauzar la orientación que hoy se echa de menos.
Ante todo, resulta indispensable aceptar que hay errores y buscar su
solución. Por ello, el Gobierno no puede seguir insistiendo
en desconocer la realidad, en aras de una pretendida popularidad, que está
resultando, además de inconveniente para el país, contraria a sus pretensiones,
como claramente lo mostraron las encuestas. Ese autoengaño, que insulta la inteligencia
de cualquier colombiano medio y que trata de tergiversar realidades y presentar
estadísticas acomodadas que lesionan su propia credibilidad resultan
contraproducentes ante el real crecimiento de la inseguridad, que se vive, se
siente y se percibe, más cuando la tecnología y la globalización del mundo
permite conocer en tiempo real detalles de acontecimientos de los lugares más
recónditos y lejanos, inocultables, aun por la prensa más comprometida con el
régimen, la que, tardíamente ha tenido que publicar la realidad de la situación
en el Departamento del Cauca, la posición de la población indígena y los
atropellos contra el Ejercito Nacional, la peligrosa escalada del terrorismo
contra la infraestructura petrolera, adicionalmente a que los más
independientes, ya venían registrando la evolución constantemente creciente de sus acciones
contra la población y la Fuerza Pública.
Esa estrategia minó la confianza
e hizo que se perdiera la fe en los anuncios del Gobierno y puso en evidencia
la posición meliflua y acomodaticia del primer mandatario, en particular y del
Ejecutivo en general.
El ministro de defensa
ha pretendido, tal vez de buena fe, comandar las Fuerzas Militares y fungir en la práctica como comandante de
cada una de las Fuerzas (Ejército, Armada y Fuerza Aérea), con los resultados
que hoy se observan. No sobra recordar que los Ministros están para plantear
estrategias globales y orientar las grandes
decisiones y asuntos de su cartera, sin pretender intervenir en cada uno
de los asuntos particulares de su desarrollo, ya que ello conduce al descuido
de los grandes objetivos. Su nivel es gerencial, su trabajo está en la toma decisiones y no en la ejecución
En el Ministerio de
Defensa, responsable de la seguridad, principal y actual preocupación de los colombianos,
desde las épocas del Ministro Pardo se ha incurrido en un error garrafal, que
ha tenido repercusiones graves, cuando ministros muy preparados en temas diferentes a la defensa y seguridad, pero
sin la formación ni experticia en temas militares, que solo se
obtiene con los años en contacto real y no teórico con el combate, pretendieron
asumir el papel de comandantes
operativos y muy a menudo tácticos. El Ministro puede ser el estratega del primer
nivel, quien dice “qué hacer” y señalar el objetivo final, pero es el Comandante
Militar el conductor, quien dice cómo hacerlo, es el Comandante Militar
y solo él, quien fija y ejecuta
la táctica operativa, es el militar quien tiene la maestría en el arte
operacional y el combate, y quien, para ese oficio, se ha preparado a lo largo
de muchos y duros años. Pretender incursionar en sus responsabilidades e
imponerle sus opiniones, apoyado solo en la autoridad del cargo, conduce a descalabros
y reveses.
Las intervenciones del
Presidente y su Ministro de Defensa, deben orientarse a la solución de los
problemas graves, que los hay, del campo militar, como son la desaparición del
fuero militar y su correlativo de la pérdida del espíritu de combate, el
desaliento y desmoralización que producen decisiones como la de la Corte
Constitucional que ordena, sin considerar los intereses más grandes del Estado, el desalojo de parte de una
importante base de operaciones en la Orinoquía colombiana, o la presencia en el
país como asesor del mismo gobierno de un calificado enemigo de la Institución
y delincuente de su país, en donde fue despojado de su investidura de juez por
actos criminales que, en Colombia llevaron a la cárcel a numerosos funcionarios
de la administración.
No se trata de discursos y oratoria, se trata de que desarrollen las
acciones necesarias, sin engaños ni concesiones a quienes pretenden paralizar
las operaciones militares, para atender las reclamaciones urgentes del
estamento militar, que pide seguridad jurídica para cumplir con la misión
constitucional sin entorpecimientos de las mismas autoridades del país. Se
trata de adelantar con diligencia las acciones judiciales contra quienes
atentan contra la institución militar y contra la seguridad del país, sin
abstenerse por simple conveniencia política o personal del presidente o sus
ministros.
Estamos convencidos que alguna parte del gobierno está bien intencionada
y coincidente con nuestro deseo de construir una patria digna, grande, próspera
y responsable como herencia para las generaciones venideras, pero esto solo se logra
con responsabilidad, sin intereses mezquinos, con voluntad real, pero sobre
todo con respeto por la majestad de las instituciones como en el caso de las
FFMM, patrimonio valioso legado por nuestros ancestros. Corresponde al gobierno
redireccionar el rumbo, anteponiendo a sus intereses personales los propios del
país, sin condenar a quienes tienen el valor de expresar su preocupación en
forma leal y abierta.
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