Quienes somos

"Un grupo de colombianos, militares y civiles de reconocida experiencia a nivel nacional e internacional, conformado para analizar y debatir problemas importantes sobre la defensa y seguridad nacional".

lunes, 23 de agosto de 2010

La Opinión del día


M-19: UN NUEVO ASALTO A LA JUSTICIA


En 1985 el movimiento narco subversivo M-19, con el pretexto  de juzgar al entonces presidente Betancur, quien había hecho todo lo posible por favorecerlos, asaltó el Palacio de Justica. Sabido es que dicho crimen se hizo por encargo del peor criminal del narcotráfico de aquella época: Pablo Escobar Gaviria y con el objetivo siniestro de asesinar a los magistrados que debían definir la extradición.

Para cumplir su criminal objetivo infiltraron otros antisociales en la máxima sede de la justicia colombiana, quienes hicieron los preparativos para garantizar el éxito del aleve atentado. Los resultados son conocidos.

Veinticinco años después, aunque derrotados militarmente pero fortalecidos políticamente como quedaron después de que otro gobierno volviera a confiar en su buena fe,  se pone de manifiesto que aquella nunca existió y que, por el contrario, continuaron engañando a la nación colombiana; siniestra y subrepticiamente, organizaron un nuevo asalto a la justicia, este ya no armado pero igualmente criminal.

El modus operandi es similar al empleado en 1985. En aquella época buscaban  destruir la Corte Suprema para impedir la extradición, asesinando a sus Magistrados. En esta oportunidad el objetivo es destruir a quienes los derrotaron e impidieron su acceso al poder, enviando a la cárcel a quienes participaron en la recuperación del Palacio de Justicia, ya que no pudieron ser asesinados. En esa ocasión se infiltraron en las instalaciones de aquel templo del derecho colocando sus secuaces en la cafetería y otras dependencias. Hoy sus secuaces han escalado posiciones y ya no atienden las cajas registradoras porque ocupan altos cargos en los despachos judiciales.


Otra vez el M-19 se ha tomado por asalto a la justicia, más sutilmente pero no menos efectivos los resultados. Entonces exterminaron a los magistrados pero no estaba comprometida la majestad de la justicia, hoy las torpes maniobras de investigación y juzgamiento nos llenan de dudas y nos llevan a pensar que ha sido mancillada desde adentro y que algunos de sus funcionarios han participado en ese criminal complot.

A los abusos reiteradamente denunciados por la defensa sobre clonación y desaparición de testigos para evadir la controversia, de negación de derechos fundamentales y la violación de principios consagrados en justicia universal y en la Constitución y leyes colombianas, se suma el descubierto recientemente por una valiente periodista que pone en evidencia lo burdo del montaje y la sed de venganza que se esconde detrás de quienes aparentan buscar la verdad. Aquí aparece claro que el ánimo revanchista de los dirigentes del terrorista movimiento, antes feroces criminales y hoy premiados por la indulgencia estatal y el olvido nacional, no es otro que el de obtener la condena de quienes los combatieron y derrotaron para luego cobrar jugosas recompensas que desangran al Estado, al cual ya intentaron eliminar de cuya benevolencia se valen y aprovechan.

Que un ex delincuente, que participara en secuestros por cuenta de aquel movimiento terrorista, que aniquiló sin compasión a los ocupantes del inmolado Palacio, sea el representante de las supuestas víctimas es una burla macabra, pero que una juez y una fiscal lo hayan aceptado como el principal testigo de cargo constituye, además, un atentado contra la administración de justicia y un fraude criminal, que sus superiores deben afanarse en investigar y reparar. Serias dudas sobre su imparcialidad nos generaban las actuaciones de las dos funcionarias judiciales. El episodio de René Guarín Cortes, ex terrorista y, probablemente hoy nuevamente incurso en otros delitos por su ilegal actuación, nos causa, no solamente terror sino indignación, al ver hasta dónde han llegado los alcances de este nuevo y demoledor asalto a la justicia por parte del M-19.


Somos respetuosos de las decisiones de la justicia y sabemos que hay que acatarlas, por estar en un estado de derecho, pero nos repugna y nos hiere que la injusticia se sostenga, a la par que sus autores no sean perseguidos sino premiados. Esperamos que quienes tienen el deber de administrar justicia, en vez de tapar y proteger a los que la deshonraron, deben proceder con total transparencia, diligencia e imparcialidad en el descubrimiento y sanción de los responsables. 

Mucho daño se ha hecho a la Institución Militar, que no protesta, y este inaudito y desleal montaje constituye una advertencia para los demócratas de verdad, que indolentes creen o esperan que “no les toque” y quienes deberían recordar las advertencias de Bertold Brecht:

Primero vinieron por los comunistas, pero a mí no me importó, porque yo nunca he sido comunista.
Después secuestraron a los sindicalistas, pero a mí no me importó, porque yo no soy sindicalista.
Enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco soy obrero.
También detuvieron a unos estudiantes, pero a mí no me importó, porque ya no soy estudiante.
Luego apresaron a unos sacerdotes, pero como yo soy poco creyente, tampoco me importó.
Ahora me llevan a mi, pero ya es demasiado tarde




domingo, 8 de agosto de 2010

El artículo de la Semana

EJERCITO DEL BRASIL
LIDERAZGO, ADMIRACIÓN Y RESPETO
El Brasil, a diferencia de los pueblos conquistados por los españoles, tuvo un desarrollo paciente, solidario y perseverante, dentro de posiciones definidas por su naturaleza e idiosincrasia, demostradas desde los mismos albores de la independencia de Portugal. El norte de sus actuaciones en los diferentes campos de la nación, ha sido el consenso, la unión y el espíritu pacificador del Duque de Caxias,  fundamentados en la defensa de la patria, el planeamiento y la visión futura hacia el desarrollo sostenido.
 La Revolución Democrática, motivada por el pueblo brasilero que confiado y orgulloso de sus Fuerzas Armadas, clamó por su intervención en 1964, para que “pusieran fin a las perspectivas sombrías de una mezcla de inestabilidad política, crisis económica y deterioro de los valores culturales y religiosos” que generaban un ambiente de desorden, inseguridad y tensión social insoportables, motivados por la subversión establecida  en sindicatos y entidades estudiantiles, según lo manifestado por el General Glauber Viera Comandante del Ejército, el 31 de marzo de 2000, en conmemoración del trigésimo sexto aniversario del Movimiento Militar de 1964.
El Estado se vio obligado a emplear las Fuerzas Armadas para defenderse, aplicando eficazmente la doctrina sobre el empleo de la Fuerza Pública expuesta por Max Weber y posteriormente fortalecida por el pensamiento de Samuel Huntington, cuando expresa “la profesión militar existe para servir al Estado. Para rendir el más alto servicio posible, toda la profesión y la fuerza que ella comanda deben ser constituidas como un eficaz elemento de la política estatal.”[1] 
El gobierno militar restauró la Democracia y devolvió las condiciones de tranquilidad y estabilidad nacional, para asegurar el desarrollo armónico del país, en todos los campos del poder nacional, convirtiéndose en una verdadera demostración de reconciliación y desarme espiritual del pueblo.
La estructura jerárquica de las Fuerzas Militares, debidamente consolidada y sin ambiciones personales, le ha permitido al país atender las necesidades del Estado en los campos de la Seguridad y Defensa. Su desarrollo industrial, la modernización tecnológica, el perfeccionamiento del sistema energético, el avance en las comunicaciones y en el transporte heredados de la Revolución Democrática, son factores determinantes y diferenciadores en el campo económico del país. La interconexión con regiones apartadas, el avance en la educación, la proyección social y la visión futura de participación mundial, como polo de desarrollo dentro de los países más influyentes del mundo, le han permitido a la República del Brasil los mejores dividendos dentro de la globalización, que han sido construidos, sobre la base de los resultados positivos de la gestión del gobierno iniciado en 1964.
Son de resaltar la fortaleza política del país dentro de la democracia, el desarrollo social progresivo, la naturaleza  humana de sus habitantes, los adelantos técnico – científicos, el concepto pedagógico de la solución de conflictos y posicionamiento definido frente a las amenazas, como factores determinantes de la participación y el desempeño del Brasil en el contexto mundial,  principalmente el liderazgo y el respeto generado por los países tercermundistas.
El Brasil ha resistido las presiones ejercidas por diferentes gobiernos y organizaciones no gubernamentales, como las ejercidas durante el primer quinquenio de los años 90 sobre su desarrollo tecnológico nuclear y ha afirmado su posición dentro de la conveniencia adecuada para el desarrollo de la Nación.
En el campo militar, existen presiones de parte de sectores defensores de los derechos humanos y de la Alta Comisionada de DD.HH. de la ONU, quienes hostigan a los poderes brasileños y critican la interpretación de la Ley de Amnistía por parte del Tribunal Supremo Federal. Las amenazas en contra de la ley, contenidas en la tercera edición del Programa Nacional de Derechos Humanos (PNDH 3), inquietan a quienes formaron parte del estamento militar para la época del gobierno  1964-1985, por temor a ser procesados, juzgados y condenados, dentro de un clima de venganza ideológica y de “represión política”.
Darío Pignoli escritor del diario El Mundo señaló el 31 de diciembre de 2009 que “Las Fuerzas Armadas del Brasil se oponen a un Nunca Más. Treinta años después de sancionada la ley de amnistía,  los mandos castrenses advirtieron al presidente Lula Da Silva, que no consentirán ninguna  investigación sobre las violaciones de los derechos humanos[2]. La actuación encabezada por el Ministro de Defensa, Nelson Jobin, motivó una reunión de urgencia del presidente con su Ministro de Justicia Tarso Genro, mentor de la comisión de la verdad y con el secretario de Derechos Humanos, Paulo Vanucchi.
Al conocer lanzamiento del programa PNDH 3, el Ministro de Defensa, el Comandante del Ejército General Enzo Martins Pieri y del Brigadier Juniti Saito, en una expresión de franqueza con el presidente, de lealtad con la patria y con sus antecesores y de liderazgo institucional, manifestaron su desacuerdo e inconveniencia para el Estado y en forma desinteresada pusieron a disposición del presidente sus cargos inmediatamente, argumentando que “cambiar esa legislación sería lo mismo que revocar lo decidido, que fue una participación nacional, estamos construyendo el futuro no el pasado”, con lo cual resulta fortalecida la institucionalidad del Brasil.
El resultado de esta actitud fue positivo y el presidente amparó la vigencia de la Ley de Amnistía a los Militares y ordenó la revisión del proyecto del programa para conocer la verdad, sin referir la apertura de procesos, evitando con ello, hechos similares a los ocurridos en Argentina, Chile  y Uruguay, contra los militares, quienes en su momento actuaron de acuerdo a la exigencia de las circunstancias nacionales, para defender a sus estados del caos y la anarquía reinante, con el reconocimiento y la aclamación popular de la época
Es  de resaltar que para la época de este hecho, el gobierno del presidente Lula Da Silva de origen populista y quien fue de oposición radical y candidato a la presidencia en 5 oportunidades, ha venido ejerciendo una política incluyente, con el más amplio respaldo popular en la historia del país. Con la decisión de la validación de la ley de Amnistía, evitó consecuencias funestas para el fortalecimiento político, social y para la estabilidad institucional, que podrían afectar el desarrollo nacional dentro de la convivencia, reconociendo la importancia y trascendencia indiscutible a las Fuerzas Militares del Estado, como soporte efectivo e irremplazable de la democracia.
Amigo lector: Este tema interesante por la naturaleza de las acciones, requiere de su aporte y concurso para proyectar al futuro y mejorar la relación interinstitucional, que beneficie a quienes han seleccionado dignamente,  la Carrera de las Armas,  como su profesión, para servirle a la Patria y protegerla de posibles amenazas.  ¿Cuál es su concepto?


BG. Héctor Martínez Espinel
CPCG.


[1] SAMUEL, P. Huntington. EL SOLDADO Y EL ESTADO. Círculo Militar. Buenos Aires, 1983. Pag,108.

[2] DARIO; Pignoli. Pagina Taringa, Inteligencia Colectiva. 2009

jueves, 8 de julio de 2010

La Opinión del día

Me cuesta decirlo
Por Eduardo Escobar

Telesur mostró a un sonriente Iván Cepeda exhibiendo el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el cual obliga al Estado colombiano a pagarle una millonaria compensación por la muerte de su padre, y a pedir público perdón a su familia. Me alegró ver a Cepeda, depuesta la cara torva que suele llevar, cambiada por una más alegre, triunfal.

Coincidí con su padre a veces en esos encuentros de poesía que hace años convocaban en Colombia las bibliotecas municipales, de modo que debí soportar sus versos. Y él aguantó los míos con el mismo estoicismo. No fuimos amigos. A él no debían simpatizarle mi aire marihuano, mis sandalias trespuntás y la insolencia de mis odas aun cuando hablábamos de las mismas cosas. Y a mí me apartaron de él la tristeza de huérfano y la corbata mustia de los funcionarios del Partido. Pero me alegré por Iván. Al fin de cuentas, un hijo doliente que cree reivindicar la memoria de su padre.

Sin embargo, es una desmesura su exigencia de que el acto de contrición se haga con el Senado en pleno y en presencia del Presidente de la República. Pura arrogancia. Ganas de humillar. De hacer espectáculo. Porque uno se pregunta, Iván, quién pedirá perdón a los colombianos en nombre de tu padre, Manuel, que fue el ideólogo y activista de un aparato de terror que predicaba la violencia. Y que, aunque se sintiera el apóstol de un evangelio de ateos purificados por la fe en el materialismo dialéctico, eso no lo exonera de sus errores. Dicen que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, pero es el camino del infierno.

Yo también participé en la ilusión de instaurar un desorden saludable contra un orden injusto. Está confirmado por el rastro que dejé. Un haz de poemas pastosos al Che y a Ho Chi-Minh y a los que luchan en las montañas, con toda la basura retórica que llamamos literatura comprometida esos días confusos, y resmas de manifiestos que firmé a veces en solitario. Pero me desvié a tiempo hacia el simbolismo, seducido por un ángel sin nombre, y olvidé esos embelecos diablescos.

Hace años, el Estado quiso transar con Iván Cepeda una solución amistosa. Él se negó a la transacción diciendo que no descansaría hasta llevar el caso a la corte con sede en Costa Rica. Y lo consiguió. Y ganó después de una larga intriga. Pero no podrá hacer una víctima inocente de uno que cantó la burrada de Caín, y a 'Tirofijo', en cuyo honor nombran un frente guerrillero, y representó la línea dura de la secta judaica de los comunistas. Sus asesinos hicieron el coro. Y cayó en el desorden que justificaba.

El gesto de desagravio debería estimular, más allá del dolor, legítimo sin duda, otras reflexiones sobre la vida y la izquierda que queremos. En justicia, Iván debería, si aspira a redimir a su padre, pedir perdón a la sociedad por sus yerros ideológicos y de método. Sobre todo, a las masas de las cuales se erigió en guía. Mi generación hizo la crítica implacable de la autoridad de los padres. 

De acuerdo con el ruso Gurdjief, es preciso corregir la imagen autocomplaciente que de ellos guardamos para reeducarlos para la siguiente encarnación. Y si no es así, viéndolos como fueron nos concedemos el derecho a no repetir sus equivocaciones, sus fracasos y sus malos ejemplos, y a comprender el mundo que dejaron, sin transfigurarlos a la fuerza en falsos corderos cuyos vellones se muestran a los camarógrafos. Manuel y su partido contribuyeron a frustrar los cambios en Colombia por años. Fueron un obstáculo más que un medio para propiciar la revolución y la claridad de pensamiento. Hicieron sospechosas aun las mejores propuestas de mejoramiento social. Y con sus retorcimientos soliviantaron pandillas homicidas que a su vez sintieron que hacían patria matando como Manuel en su inautenticidad mimando el dogma de Lenin. Para al fin entrar a formar parte de un inútil martirologio de figurones temibles o intrincados, más notorios que un montón de colombianos anónimos que la corte ignoró.


Eduardo Escobar

Julio de 2010

lunes, 21 de junio de 2010

Editorial de la Semana

UNA GUERRA LARGA, INJUSTA Y COSTOSA PARA LOS MILITARES



En estos aciagos momentos que vivimos los militares colombianos, se hace propicio hacer algunas reflexiones para tratar de analizar lo que nos está sucediendo, frente a un panorama adverso y con muy pocos aliados. Es incomprensible, que valores tan importantes, como el sacrificio, la entrega incondicional, la obediencia, el honor, la lealtad, la abnegación, la disponibilidad permanente, no sean reconocidos por los conductores de la opinión nacional, quienes terminan desorientando y moldeando el veredicto de los colombianos. Hay que tener mucho coraje y desprendimiento para asumir la gran responsabilidad de proteger a una sociedad que, mientras duerme o se divierte, ignora y menosprecia a los garantes de su libertad. Sin embargo, creemos que ha sido  más el producto de quienes manejan la opinión que el sentimiento real de los colombianos; recordemos que los medios han sido tradicionalmente adversos e injustos con los militares.


La explicación de todo esto, se remonta a los orígenes de nuestra problemática, basada en las oscuras formas de lucha de la subversión terrorista que, a lo largo de tantos años ha logrado sembrar un sentimiento anti-militar en nuestra sociedad. A los militares solo se les alaba y adula en situaciones de crisis, pero se les olvida cuando retorna la normalidad. La explicación de esta animosidad e indiferencia, radica en la guerra política e ideológica en la que hemos estado inmersos durante tantos años, en la cual los militares han llevado el mayor desgaste, por ser los que enfrentan con las armas a los enemigos de la patria.

La crítica mediática en Colombia tiene un fenómeno muy particular, ha estado dirigida casi exclusivamente hacia dos poderes del Estado: el Ejecutivo y el Legislativo, y dentro del primero particularmente las Fuerzas Militares; tal pareciera que el poder judicial  fuera dirigido por arcángeles, no se tiene el más mínimo derecho de objetarlo; Ay de aquel que se atreva a criticar sus acusaciones y fallos aunque sean burdamente parcializados, porque le caen rayos y centellas, incluso de organizaciones internacionales, que, por otra parte,  permanecen indiferentes ante los desafueros del terrorismo de izquierda. Se advierte un apoyo incondicional e irreflexivo de los medios masivos de comunicación  a fiscales y jueces, aun por acusaciones temerarias y fallos amañados, mientras se fabrican denuncias y condenas en escandalosos titulares, sometiendo las personas al escarnio público sin el derecho al debido proceso.

En particular, los últimos ocho años han resultado paradójicamente catastróficos; la nula capacidad para demostrar la necesidad del fuero militar, hoy más reducido que nunca y casi imposible de recuperar, lo condujo a su desmonte; razón por la cual pasamos a ser juzgados por  detractores y opositores ideológicos, dando como resultado la reapertura de investigaciones ya prescritas, el incremento exagerado de militares detenidos, investigados y juzgados, por supuestos delitos que se presentaron durante el cumplimiento de su deber.

En este intrincado país cada vez más se consolidan las variadas formas de hacer la guerra, y una de ellas ha sido la infiltración del poder judicial, donde existen funcionarios a quienes nunca se les ha cuestionado por sus militancias políticas, en medio de una guerra irregular comunista,  en donde no solo es bien difícil, sino imposible, distinguir un civil transparente de un aliado de la subversión armada.

Nuestros detractores vendieron con mucha habilidad la ineficacia de la Justicia Penal Militar, por considerarla parcializada, benévola e inoperante, pero más grave fue la incapacidad y falta de interés para defenderla. Sin embargo, seria ilógico no reconocer los desafueros y fallas cometidas por muchos militares en estos años de lucha, producto de la guerra misma; tampoco las Fuerzas Militares se han escapado de los errores y excesos que en ocasiones han enlodado la imagen institucional; eso sucede en todas los Ejércitos y Policías del mundo, pero nunca en la dimensión que están tratando de probar los enemigos de la institución, para demostrar que la violación de los Derechos Humanos ha sido una política institucional.

Como un agravante a la problemática expuesta, el Alto Mando se ha acomodado silenciosa y abnegadamente a esta situación, adaptándose a las “nuevas circunstancias de la guerra”, condiciones hábilmente impuestas por organizaciones internacionales afectas a los intereses de nuestros adversarios. Este desalentador panorama se ve agravado por la falta de afinidad de criterios entre activos y retirados, que cada vez se ven más distanciados. A las reservas solo se les tiene en cuenta para los actos protocolarios y no como aliados experimentados que pueden aportar, como sucede en todas las Fuerzas Militares del mundo.

Como consecuencia de esta cruda realidad, será tal vez el más grande compromiso de las nuevas generaciones de mandos militares, en particular el Comandante General, quien tendrá que mantenerse más cerca de la realidad interna, con el fin de interpretar las aspiraciones y necesidades institucionales. Para ajustarse al contexto internacional no es necesario ceder en los principios y tradiciones institucionales, ni mucho menos aceptar culpas y acusaciones  manipuladas a quienes cumplieron la misión y dirigieron la institución en el pasado. Todos los mandos del momento formaron parte del pasado reciente y también fueron victimas de las injusticas de esta guerra. Será urgente demostrar la necesidad del fuero para tratar de recuperarlo, fortalecer la Justicia Penal Militar y obtener el apoyo sincero  y decidido de sectores tradicionalmente desafectos. Es importante no dejarse llevar por las artificiosas encuestas de aceptación, que normalmente son el resultado de situaciones coyunturales en épocas victoriosas.

La unión con las reservas activas es urgente y necesaria, la afinidad en los objetivos por alcanzar serán de infinita prioridad; el contacto y franqueza permanente con sus antecesores, deberá servir de apoyo para manifestar aquellas cosas imposibles de opinar por los uniformados.  Nunca podremos olvidar que la institución se mantiene por la preservación de sus tradiciones, la unión monolítica de sus miembros, la transparencia de su accionar, la fortaleza y moral de sus tropas y el carácter y compromiso de los que tienen la responsabilidad de dirigirlas.

Bogotá, D.C, Junio 20 de 2010

Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar

martes, 18 de mayo de 2010

El editorial de la Semana

Que mal momento y ocasión!

A propósito del proyecto de Ley que cursa en el Congreso para beneficio de los Generales



Enseñamos en los cuarteles y Escuelas de Formación de las Fuerzas Militares, valores y principios fundamentales para la marcha normal de nuestras instituciones  castrenses, con la convicción de que serán ejemplo ante el resto del país, lo cual es absolutamente entendible, pues de nosotros, los militares, se espera lo mejor en numerosos aspectos, pero especialmente en  cuanto a comportamiento, carácter, moralidad e integridad.

La reflexión anterior, surge ante  lo ocurrido el 4 de Mayo  en la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes, cuando el ponente Senador Barriga, presenta un proyecto de ley ante esa Corporación, el que, sin razón aparente, contaba con mensaje de urgencia de la Presidencia de la República, cuyo propósito principal era permitir el acceso al grado de General de la República para los oficiales del Cuerpo Administrativo de las Fuerzas Militares y la creación de un grado intermedio en la escala del generalato denominado “Teniente General”.

Cual seria la sorpresa en ese recinto ante la intervención y reacción negativas, de casi todos los integrantes de esa comisión, entre los que se destacaron con argumentos, estadísticas y, por que no decirlo, testimonios validos e innegables, los Senadores Cecilia López y Juan Manuel  Galán. Entre los asistentes al debate, además del Ministro de Hacienda, se encontraba el Señor Almirante Jefe de Estado Mayor Conjunto, y distinguidos Generales y Almirantes de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional.

Quienes pudimos asistir al debate, retransmitido el domingo 9 de Mayo en diferido, siempre estuvimos pendientes y expectantes de la intervención de los militares activos por ser un proyecto dirigido especifica y únicamente al cuerpo de Generales activos. La ocasión y tema lo ameritaban y aunque en  varias oportunidades fue anunciado nunca se dio. Qué desilusión sentimos al ver que se agotó el tiempo y ninguno de ellos intervino, ni siquiera el Almirante David René Moreno, oficial de mayor rango presente y delegado del General de cuatro soles Freddy Padilla de León.

Qué pasó? Por que la esperada y obligada intervención nunca se dio? Posiblemente los argumentos del Ponente y un defensor de la misma, asesorados y con información del Ministerio de Defensa al mas alto nivel, no fueron suficientemente sólidos, no tenían fondo, ni mucho menos era urgente, como se lo calificó. A pesar de que se expuso que el Estado no incurriría en gastos adicionales, el Ministro de Hacienda manifestó lo contrario. Infortunadamente para el ponente y Generales de la Fuerza Publica, este proyecto, quedó sepultado, pues el Ministro Oscar Iván Zuloaga, manifestó que el desarrollo de esa ley, sí requería de recursos adicionales y no quería comprometer al actual gobierno con compromisos futuros.

Lo que quedó en entre dicho para quienes presenciamos el debate fueron los valores y virtudes de los que se trató al inicio de este escrito, ante la posición impertérrita de los Militares presentes, quienes soportaron imperturbables las fuertes críticas y calificativos lanzados por los miembros de la Comisión Segunda, quienes tildaron la ponencia de falta de ética y de pretender mejorar solamente las condiciones de la cúpula militar, mientras se ignoran las condiciones precarias de las bases y, injusta e inexplicablemente se mantiene a un gran grupo humano represado por varios años en sus ascensos. En el ambiente quedó la sensación que valen más los intereses particulares, en este caso de los Generales de mayor graduación y antigüedad, que los intereses generales de los subalternos.

Qué mal momento y qué mala ocasión para dejar en entredicho lo que se promulga en los claustros de nuestra querida institución ante la sociedad, qué mal momento y qué mala ocasión para que nuestros detractores tengan la oportunidad de criticar y dejar “mal parados”, qué mal momento y ocasión para que se burlen de nuestra moral, por que no decirlo, con argumentos sólidos y reales. En esta oportunidad, tenemos que admitirlo, los integrantes de la Comisión Segunda si tenían estadísticas y parámetros incontrovertibles, estaban realmente preparados, lo que no sucedió con el ponente, defensor y la Cúpula Militar y policial.

Como correspondía a su condición de Ciudadano, y General de la República, el Senador Jaime Ernesto Canal Alban, en una intervención plena de mística, patriotismo y sólidos argumentos, puso de presente la mala preparación de la ponencia y la pésima asesoría del Ministerio de Defensa y el Comando General. Fijó su posición seria y firme en contra de la pretensión de otorgar el Grado de Generales a oficiales del Cuerpo Administrativo, quienes no conocen los rigores del combate y las operaciones, por lo que no resulta oportuno ni justo para la moral del oficial combatiente y por que “el grado de general es un honor de difícil logro y no se puede estar repartiendo sin honor y sin esfuerzo, bajando de nivel esa dignidad y por la que luchamos los verdaderos militares, nuestro norte, nuestro fin ultimo”; expresó también que resulta baladí el argumento de tener cuatro soles para poder intervenir adecuadamente en reuniones de Comandantes de Ejércitos a nivel Internacional. En fin, que digna y patriótica intervención la del General Canal, Senador de la República, que puso de manifiesto que aun quedan vigentes aquellos valores y principios. Usted, General Canal, si representó dignamente al estamento castrense.


Bogotá, 18 de Mayo de 2010

CENTRO COLOMOBIANO DE PENSAMIENTO POLITICO MILITAR

www.pensamientopolitico-militar.blogspot.com

jueves, 13 de mayo de 2010

Opinión frente al debate electoral

Desconcierto por el futuro de las Fuerzas Militares y  la Reserva Activa en estas elecciones presidenciales.

Por MG. Javier Arias Vivas

Fácil destruir un Ejército
El clamor silencioso de las Fuerzas Militares está expresado en la angustia por el futuro. No se vé el camino despejado. El Presidente Uribe y sus Ministros no fueron capaces de solucionar los problemas urgentes de los militares. Y eso que éstos, fueron los artífices y los protagonistas en el terreno, de la famosa seguridad democrática que les dió alta favorabilidad en las encuestas de opinión en los últimos 8 años de mandato. Nos preguntamos: ¿En el futuro cercano, hasta cuándo el Estado es capaz o quiere seguir aportando el suficiente presupuesto para los sueldos, las pensiones, las asignaciones de retiro y los subsidios para la vivienda y la salud?  ¿Qué tal un Presidente que exprese sin el menor reato de conciencia que no hay plata para pagar el sostenimiento de las Fuerzas Militares? Simplemente, éstas, se acaban.

Recordemos las décadas de los 80 y los años 90. Primero con la guerra que planteó el M-19. Vimos aquí un Ejército, sin suficiente pié de fuerza, sin armas, sin ropa y sin medios de comunicación y transporte. En el Departamento del Valle por ejemplo, ante lo calamitoso de la situación logística, la gente tuvo la iniciativa de aportar recursos para comprar zapatos tenis a los Soldados para que pudieran patrullar y así, proteger a la población civil de las amenazas que se cernían. Luego vino la ofensiva de las FARC y recordamos los días nefastos de Las Delicias, Miraflores, Uribe, Patascoy, Troncales, Girasoles, El Billar, Mitú. Casi derrotan el Ejército, primero, desde el Estado, con la forma más rápida y eficaz: aducir falta de presupuesto, y luego, como consecuencia de los anterior, por la evolución ascendente del poder de combate de los terroristas.


Lo que más nos duele a los militares
Los “falsos positivos”: Dos palabras siniestras. Acuñadas, dicen que por gente  de la misma Fuerza Pública y que varias veces le ha dado la vuelta al mundo a través de los medios de comunicación, potenciado por el Presidente de la Republica y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas desde diversos escenarios nacionales e internacionales con lo cual, el daño ha sido irreparable para la imagen de los militares colombianos, los mismos que hicieron la operación Jaque, la operación Fénix que dió de baja al más temible terrorista de Latinoamérica “Raúl Reyes”, y que tienen al borde de la extinción a los narco-terroristas de las FARC y delincuentes del narcotráfico.

Estamos de acuerdo, hay delincuentes al interior de la institución militar que han cometido este tipo de acciones punitivas contra civiles y que deben pagar por ello. Pero que lo anterior, se convierta en una cacería de brujas y que ahora toda baja en combate con los terroristas al poco tiempo se convierta en un “falso positivo” y que por ello tengan que pagar militares inocentes, meses y años en las cárceles, sin un debido proceso, quedando en la ruina moral y económica y sin una defensa digna pagada por el Estado, es una ignominia. Lo mínimo que se exige es: Respeto al Fuero Militar, actuación de Cortes Marciales, aplicación del Código de Justicia Penal Militar, una defensa técnica apropiada por el Estado y un  debido proceso lejos de los espectáculos de la Justicia “show” en los medios de comunicación.

Esa desnivelación salarial que golpea los rangos inferiores de las Fuerzas Militares es también un factor de injusticia y de desmoralización. En vez de que el actual gobierno, esté pensando en pagar favores de lealtad, reformando el Estatuto de la carrera de Oficiales que transita en el Congreso de la Republica con mensaje de urgencia, para mejorar los grados superiores del escalafón, debería con parte de ese presupuesto solucionar la desigualdad en el porcentaje para el pago de los grados de Teniente Coronel hacia abajo y el de los Suboficiales y Soldados. Mínimo los Soldados profesionales deberían tener los mismos sueldos, primas y prestaciones sociales de que gozan los patrulleros de la Policía.

La incertidumbre
Ante este infortunado panorama, votar por el candidato que ha expresado que no se necesita un Ejército como no lo ha requerido Costa Rica, que aduce que admira y respeta a Chávez la principal amenaza que tiene el país en estos momentos, que extraditaría al ex presidente Uribe hacia el Ecuador, que desarmaría a todos los ciudadanos aún con armas amparadas, que no ha planteado un programa serio de seguridad y defensa, sería votar dando un paso al vacío. Sería votar para detener y retroceder lo que se ha conseguido en seguridad y tranquilidad en estos años, a menos que, en los pocos días que faltan para las elecciones,  haga el candidato Mockus, una rectificación contundente y se comprometa a solucionar nuestros problemas.

Recordemos lo que ha pasado con Presidentes con perfil de tolerancia: Jimmy Carter en Estados Unidos, Belisario Betancur, Virgilio Barco y Andrés Pastrana en Colombia, Zelaya en Honduras. No queremos que por debilidad o afinidad, un Presidente en Colombia nos lleve al nefasto Socialismo del Siglo XXI patrocinado por Chávez, Evo, Correa y Ortega.

Antanas Mockus, es un enigma (Plinio Apuleyo), pero ya tenemos suficientes indicios para definirlo: Primero, por lo que ha expresado en relación con el Ejército y la Seguridad Nacional; y Segundo, por la procedencia y tendencia de los personajes que lo acompañan en la campaña. La supervivencia de las Fuerzas Militares y la solución de los urgentes y serios problemas que agobian a sus miembros activos y en retiro, no son temas centrales en su  discurso. Si no pudo o no hizo lo suficiente el actual gobierno, para resolver los agobiantes problemas de bienestar y de moral, menos se puede esperar de un candidato que no ha dado muestras hasta ahora de conocer y de interesarse por los militares y por la defensa y seguridad de la Nación.

Menudo dilema, como diría el General Álvarez Vargas en su escrito, o “encrucijada del alma” para utilizar la famosa frase del Presidente, el que tenemos que resolver cada uno de nosotros los militares de la Reserva Activa en el momento de votar en la primera vuelta de las elecciones para Presidente. Y lo peor, todos los candidatos eluden el tema grueso de la Seguridad y Defensa y de las necesidades de los Militares y Policías para elevar su moral para la acción, pero sí se arrogan, el tema de la Seguridad Democrática para captar votos sin tener plena conciencia y sin proponer fórmulas para aliviar el sufrimiento de esos heroicos servidores del Estado y sus familias, en compensación por haberle puesto el pecho con todo entusiasmo, sacrificio y valor, a esa loable política de Estado que le devolvió la esperanza a los colombianos.

Bogotá, 2 de Mayo de 2010


martes, 11 de mayo de 2010

La Opinión del día

Un aporte al análisis del CENTRO COLOMBIANO de PENSAMIENTO POLITICO MILITAR


Hay propuestas de Mockus, preocupantes, que nos invitan a reflexionar. No sabemos realmente como será su postura frente a las farc, puede que se deje tentar por el acuerdo humanitario, cediendo ante esta organización terrorista, con tal de lograr la liberación de los secuestrados, dándoles respiro político que les motive a seguir la lucha armada.


Si cede, no sabemos que pase de ahí en adelante: ¿Las combatirá o adoptará una posición pacifista, invitándolos a la paz mientras se fortalecen nuevamente?
¿Reducirá el presupuesto para la defensa y seguridad, lo que implica reducir el pie de fuerza del Ejército? Con esta medida no necesita ordenar que las operaciones cesen.

No estamos seguros que actitud adopte frente a los Estados Unidos, lo que puede influir en la lucha contra el narcotráfico y como consecuencia dificultaría el combate a las farc, retardando su destrucción.

Tampoco sabemos si sacrificaría al Ejército en beneficio de la Policía Nacional para mejorar la seguridad ciudadana, en detrimento de las operaciones militares contra las farc, que conduciría a lo que en alguna ocasión expreso, acabar con el Ejército.

Pienso que frente a Chávez asumiría una posición de complacencia y en la medida que no ceda a sus pretensiones, recibiría el mismo tratamiento dado al Presidente  Uribe, si cede estaríamos ante la posibilidad que se pliegue al vagón de cola de la revolución bolivariana, con consecuencias impredecibles, pero de funestas consecuencias para  Colombia.

En cuanto a Santos, sabemos cómo es su actuar y no creo que vaya a cambiar. Nunca va a aceptar que se equivocó en el manejo de los derechos humanos frente al Ejército. Le interesara quedar bien, primero, con los Estados Unidos y segundo, con la comunidad internacional en general, porque lo que buscará es evitar cuestionamientos y salir bien de su gobierno. Eso no va cambiar. Si pensamos que trabajará por la JPM y por recuperar el fuero militar, valdría la pena abordar ese tren; pero no será así, es una ilusión.

El dilema es: malo conocido o bueno por conocer, sabiendo cómo va a actuar el malo y no sabiendo que nos depare el bueno, que es un mar de incertidumbres, pero que encarna el cambio y la esperanza de renovación de la política. Igual sucedió en Venezuela con Chávez, la gente votó por él,  ilusionada en una transformación de  las costumbres políticas y una mejor utilización de los recursos públicos y miren en lo que terminó, ni lo uno, ni lo otro.

El Ejército cada día más será acorralado e irrespetado mientras no se adopten posiciones firmes por parte de los activos, respaldados por la reserva y no al revés.

Bogotá, 10 de Mayo de 2010

MAYOR GENERAL  CARLOS O QUIROGA FERREIRA