miércoles, 12 de septiembre de 2012
PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA
Disyuntiva de la Paz.
Por: Mayor General
Ricardo Rubianogroot Román.
Centro Colombiano
de pensamiento político militar. Magister en Seguridad y Defensa Nacional.
Por ser
este acontecimiento transcendental y significativo para la historia futura del
país, para estos días el comentario habitual entre personas de todo nivel, en las
noticias en medios escritos y hablados, los editorialistas, articulistas
especializados y con conocimiento, los expertos y aun los que no dominan el
tema, pero que desean opinar, están centrados en el proceso de paz.
Quisiera tener
el poder de escudriñar en los pensamientos íntimos de las personas que claman
por este proceso y conocer si han profundizado sobre su significado y la dificultad
de su logro, pero, por encima de todo, sobre sus implicaciones y alcances, que
sin duda afectarán a cada uno de los Colombianos, en mayor o en menor medida,
pero todos sin distingo, tendremos que asumir las consecuencias de lo que un
proceso de esta magnitud presupone.
En mi
entorno y entre las personas que como yo tenemos la vocación y hemos consagrado
nuestra vida al servicio de nuestro país, al percibir y entender que la
voluntad de sentarse en la mesa de las negociaciones ya es una realidad y una
decisión de gobierno, se formulan ideas, disimiles acaso, pero siempre
enfocadas y encaminadas a buscar lo mejor para nuestra Patria.
Invito a
que, ante este escenario y nuevo intento, procuremos acertar con el concurso de
todos para que las condiciones que ostentamos actualmente al interior de
nuestras Fuerzas Militares no cambien desfavorablemente, que el pie de fuerza
de nuestras Instituciones sea apropiado para preservar la seguridad interna y
externa de la Nación, que la Justicia aplicada a nuestros hombres, sea
precisamente eso y se ejerza con templanza y moderación, sin intenciones de
vindicta, con imparcialidad, rectitud y probidad, con sentido de equidad y
legalidad y con la severidad que corresponda a la conducta seguida por nuestros
hombres y nunca con prerrogativas, dispensas y excesos entregados a nuestra
contraparte, que el accionar de nuestros hombres sea juzgado por la
jurisdicción apropiada, con un fuero que permita actuar a nuestros militares
con tranquilidad y con la convicción de que su desempeño será evaluado por
expertos y conocedores del entorno operativo en que actúan los militares, que las
condiciones sociales en cuanto a remuneración, salud y vivienda de nuestros
hombres no cambien para entregar privilegios a quienes han azotado abusivamente
a nuestros ciudadanos, a nuestros pueblos, a la infraestructura y han impedido
que el país sea mejor.
Los
“dolientes” que van a trabajar en este proceso, enfocados a defender nuestro
futuro y el de nuestras familias, deben ser apoyados y asesorados
inteligentemente.
Es el
momento de destinar nuestras energías, nuestro conocimiento, nuestra
experiencia y nuestra fe, a lograr el mejor futuro para activos y retirados e
impedir que nuestras condiciones institucionales y prestacionales se vean
afectadas y que nuestros valores y principios se vean mancillados. Ya es una
decisión de Gobierno, acertada o no, la historia nos dar la respuesta, entretanto
trabajemos y procuremos conservar el honor de nuestras Fuerzas Militares y que
se den las condiciones sin deteriorar lo que a pulso y con firmeza hemos
logrado.
sábado, 1 de septiembre de 2012
¿Perdimos la guerra? MIGUEL GÓMEZ MARTÍNEZEl mayor triunfo de la guerrilla es haber convencido a los líderes de opinión en Colombia que la victoria militar no es posible. Con la excepción de Álvaro Uribe, todos los mandatarios colombianos desde la época de Belisario Betancur repiten sin cansarse que la única opción que tenemos es la negociación. También lo sostienen la totalidad de los medios de comunicación, los líderes empresariales, los políticos, las ONG e incluso algunos militares.Si existe este consenso tan amplio, ¿por qué no es posible la paz? ¿Por qué llevamos décadas sin resolver el problema? ¿Por qué Colombia tiene el conflicto interno más largo de la historia? Contrario a lo que creen los oportunistas de la paz, no hay paz porque no hemos querido ganar la guerra. La historia de la humanidad confirma una y otra vez que la paz es el fruto del triunfo en la guerra. No hubo paz en Europa mientras no se derrotó a Hitler. No hubo paz mientras no se derrotó a Napoleón, no hubo paz en Vietnam hasta que las guerrillas comunistas no derrotaron a los Estados Unidos.Algunos dirán que Colombia sí ha pagado el precio de la guerra. Invocarán los miles de muertos, los secuestrados, los mutilados, los huérfanos, las viudas y los millones de víctimas. A pesar de esas horribles y dolorosas cifras, la verdad es que esta sociedad, desde su independencia, ha tenido violencia pero no ha enfrentado una guerra. El siglo XIX es la demostración evidente de que los conflictos nunca se resolvían de manera definitiva y por ello resucitaban periódicamente. Las victorias y por lo tanto las derrotas eran simbólicas; las negociaciones de paz no eran sino altos al fuego temporales esperando un cambio de entorno más favorable para alguna de las partes. Tal vez la excepción sea la Guerra de los Mil Días -en la que un ejército venció militarmente al otro- y por ello pudimos gozar de más de cuarenta años de paz ininterrumpida.El Gobierno tiene una agenda para volver a justificar la apertura del diálogo con la guerrilla. Con gran habilidad ha ido moviendo sus fichas para convencernos de que, en esta ocasión, la guerrilla tiene el deseo de no engañarnos. La reforma constitucional denominada “marco jurídico para la paz” define lo que el Estado le ofrece a la guerrilla: impunidad para las acciones contra los derechos humanos y los crímenes de guerra. Luego de haber aprobado la ley para las víctimas, el Congreso aprobaría para tal fin una ley para los victimarios.A pesar de las múltiples frustraciones de los procesos de paz, la mente de los colombianos sigue dominada por el escenario del diálogo. Estamos convencidos de que podemos evitar el duro camino de la victoria militar. Muy a la colombiana, queremos comernos el pastel sin engordar. Así no sea políticamente correcto afirmarlo, el camino de la paz ha estado siempre antecedido del horror de la guerra.La guerra podemos haberla perdido ya en las mentes. Y como la hemos perdido, las condiciones de paz nos las impondrá el triunfador, en otras palabras la guerrilla.Suena fuerte pero para tener derecho a la paz hay que pagar el precio de la guerra.*Representante a la Cámara
jueves, 16 de agosto de 2012
Guerra jurídica contra los militares
¿POR QUÉ SE HACEN LOS LOCOS?
Por: Coronel Gentil Almario Vieda
Toda Colombia, su Presidente, el pueblo,
los medios de comunicación, los poderes del Estado saben que las Fuerzas
Militares enfrentan una guerra sin protección jurídica y que la Justicia que
los destroza está en manos del enemigo y sus secuaces, con muy contadas excepciones.
El tema se ha tratado a regañadientes y con sordina en
la televisión, la radio y la prensa escrita, intentando farisaicamente jugar a
todas las bandas al publicar lo que
dicen y escriben quienes no comulgan con el estado de cosas que
están haciendo que el país recaiga en poder de los terroristas de las FARC y el
ELN.
Debe tomarse conciencia de la apología que por la
mayoría de los medios se hace a los bandidos, el despliegue que se da a los
agentes de los terroristas, secuestradores y narcotraficantes. El apoyo que
esos medios dan a miembros de las FARC y
el ELN cuando abierta y descaradamente arengan a los delincuentes alentándolos
en contra del Ejército y del gobierno con el argumento de que todo el mundo es
libre de decir lo que quiera.
No pretendo enumerar la cantidad de afrentas,
injusticias y desafueros de que son víctimas los militares y que conoce la
opinión pública, como son las condenas con testigos falsos o comprados y en
general fabricadas por fiscales y jueces siguiendo consignas manchadas con
ideologías políticas contrarias a los principios que defienden las Fuerzas del
Orden en cumplimiento de la Constitución Nacional.
Es sabido también que el sistema operacional del
Ejército ha sido intervenido en forma tendenciosa y absurda de manera tal que
se favorece al terrorista y se vulnera la protección legal del combatiente que
lucha por la integridad del Estado. Es conocido que el Comando General de las
Fuerzas Militares con la presión y auspicios de un genio que fue Viceministro de Defensa
estableció un compendio de normas que se llamó pomposamente “REGLAMENTO
JURÍDICO OPERACIONAL” que deben cumplir
como guía las Fuerzas en combate y que atentan contra el
soldado en su integridad y favorecen escandalosamente al bandolero.
Solo me referiré a una de esas monstruosidades que
consiste en que en acciones de combate el soldado no puede disparar su arma
contra su enemigo sino hasta cuando el bandido lo haya hecho contra él. Esto
solo tiene una manera de entenderlo: debe dejarse matar.
Este demoníaco mamotreto no tiene antecedentes en
Colombia ni en ningún ejército del mundo. Fue producto de
presiones de organismos internacionales como La Cruz Roja Internacional
y otros engendros en su condición de ONGs, favorecedoras de los derechos
humanos de los terroristas. Es oportuno recordar que el militar colombiano no
tiene derechos humanos.
¿Quien en estas circunstancias, adobadas con otras de
igual estupidez, que están en plena vigencia, querrá entrar en combate a
sabiendas de que el Estado no le brinda la más mínima seguridad jurídica?
¿O es que alguien se imagina que el militar no piensa y
no ve lo que jurídicamente se está haciendo con él poniéndolo ante la
alternativa de su sacrificio o su ingreso a La Picota?
Se dice en diversas formas y con palabras diferentes
que la Fuerza Pública está desmoralizada y que es una de las causas por las
cuales la Seguridad Democrática está en retroceso.
El presidente de la República ha dicho que hablar de
desmoralización del Estamento Militar es una afrenta. Cambiémosle el nombre y
digamos entonces que no están desmoralizadas sino desmotivadas que a la postre
es lo mismo.
A pesar de lo dicho tenemos la convicción de que las
Fuerzas Militares están combatiendo a pesar de todo y están mostrando
resultados. Si hubiera la honestidad política y jurídica indispensables para
dar la mencionada protección jurídica al combatiente la guerra ya hubiera
terminado y otra sería la historia.
La guerra no se gana sin el respaldo de toda Colombia y
Colombia es el Pueblo, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder
Judicial. Desafortunadamente da la impresión de que cada uno de ellos anda por su lado. No existe como Objetivo Nacional
ganar la guerra. Todos los argumentos que se esgrimen al respecto son para
favorecer y apoyar a los terroristas
enemigos del Estado en el logro del objetivo fundamental que no han logrado, de quebrar la voluntad de lucha de sus Fuerzas
Militares.
Todo esto es sabido ampliamente. También se sabe cuál
es el remedio. Entonces ¿por qué se hacen los locos quienes tienen la
obligación moral y legal de poner coto a tamaña injusticia en lugar de todos
los días quejarse como las vírgenes necias a sabiendas del mal que están
haciendo al país en el orden social, económico y moral?
Cor. GENTIL ALMARIO VIEDA.
domingo, 5 de agosto de 2012
La guerra jurídica contra los militares
Redireccionamiento
Por: MG Ricardo Rubianogroot Román
Miembro del Centro Colombiano de
Pensamiento Político-Militar
Máster en Seguridad y Defensa
Nacional.
Es inquietante y causa
intranquilidad el evidente deterioro del nivel de seguridad que el país había alcanzado;
por ello, aunque faltaba mucho camino por recorrer, sin duda aquella situación
resultaba mejor que la actual.
Ese notorio menoscabo
de las condiciones, que el gobierno ha calificado de percepciones, se ve reflejado
en encuestas, como la recientemente publicada por varios medios de
comunicación, en la cual se plasma la realidad dominante de nuestra
Nación. Resultaría redundante e innecesario repetir en este escrito el
contenido de la misma, ya que lo procedente y aconsejable es hacer propuestas
para corregir el rumbo de lo que está sucediendo y sugerir acciones que
permitan retomar el sendero y encauzar la orientación que hoy se echa de menos.
Ante todo, resulta indispensable aceptar que hay errores y buscar su
solución. Por ello, el Gobierno no puede seguir insistiendo
en desconocer la realidad, en aras de una pretendida popularidad, que está
resultando, además de inconveniente para el país, contraria a sus pretensiones,
como claramente lo mostraron las encuestas. Ese autoengaño, que insulta la inteligencia
de cualquier colombiano medio y que trata de tergiversar realidades y presentar
estadísticas acomodadas que lesionan su propia credibilidad resultan
contraproducentes ante el real crecimiento de la inseguridad, que se vive, se
siente y se percibe, más cuando la tecnología y la globalización del mundo
permite conocer en tiempo real detalles de acontecimientos de los lugares más
recónditos y lejanos, inocultables, aun por la prensa más comprometida con el
régimen, la que, tardíamente ha tenido que publicar la realidad de la situación
en el Departamento del Cauca, la posición de la población indígena y los
atropellos contra el Ejercito Nacional, la peligrosa escalada del terrorismo
contra la infraestructura petrolera, adicionalmente a que los más
independientes, ya venían registrando la evolución constantemente creciente de sus acciones
contra la población y la Fuerza Pública.
Esa estrategia minó la confianza
e hizo que se perdiera la fe en los anuncios del Gobierno y puso en evidencia
la posición meliflua y acomodaticia del primer mandatario, en particular y del
Ejecutivo en general.
El ministro de defensa
ha pretendido, tal vez de buena fe, comandar las Fuerzas Militares y fungir en la práctica como comandante de
cada una de las Fuerzas (Ejército, Armada y Fuerza Aérea), con los resultados
que hoy se observan. No sobra recordar que los Ministros están para plantear
estrategias globales y orientar las grandes
decisiones y asuntos de su cartera, sin pretender intervenir en cada uno
de los asuntos particulares de su desarrollo, ya que ello conduce al descuido
de los grandes objetivos. Su nivel es gerencial, su trabajo está en la toma decisiones y no en la ejecución
En el Ministerio de
Defensa, responsable de la seguridad, principal y actual preocupación de los colombianos,
desde las épocas del Ministro Pardo se ha incurrido en un error garrafal, que
ha tenido repercusiones graves, cuando ministros muy preparados en temas diferentes a la defensa y seguridad, pero
sin la formación ni experticia en temas militares, que solo se
obtiene con los años en contacto real y no teórico con el combate, pretendieron
asumir el papel de comandantes
operativos y muy a menudo tácticos. El Ministro puede ser el estratega del primer
nivel, quien dice “qué hacer” y señalar el objetivo final, pero es el Comandante
Militar el conductor, quien dice cómo hacerlo, es el Comandante Militar
y solo él, quien fija y ejecuta
la táctica operativa, es el militar quien tiene la maestría en el arte
operacional y el combate, y quien, para ese oficio, se ha preparado a lo largo
de muchos y duros años. Pretender incursionar en sus responsabilidades e
imponerle sus opiniones, apoyado solo en la autoridad del cargo, conduce a descalabros
y reveses.
Las intervenciones del
Presidente y su Ministro de Defensa, deben orientarse a la solución de los
problemas graves, que los hay, del campo militar, como son la desaparición del
fuero militar y su correlativo de la pérdida del espíritu de combate, el
desaliento y desmoralización que producen decisiones como la de la Corte
Constitucional que ordena, sin considerar los intereses más grandes del Estado, el desalojo de parte de una
importante base de operaciones en la Orinoquía colombiana, o la presencia en el
país como asesor del mismo gobierno de un calificado enemigo de la Institución
y delincuente de su país, en donde fue despojado de su investidura de juez por
actos criminales que, en Colombia llevaron a la cárcel a numerosos funcionarios
de la administración.
No se trata de discursos y oratoria, se trata de que desarrollen las
acciones necesarias, sin engaños ni concesiones a quienes pretenden paralizar
las operaciones militares, para atender las reclamaciones urgentes del
estamento militar, que pide seguridad jurídica para cumplir con la misión
constitucional sin entorpecimientos de las mismas autoridades del país. Se
trata de adelantar con diligencia las acciones judiciales contra quienes
atentan contra la institución militar y contra la seguridad del país, sin
abstenerse por simple conveniencia política o personal del presidente o sus
ministros.
Estamos convencidos que alguna parte del gobierno está bien intencionada
y coincidente con nuestro deseo de construir una patria digna, grande, próspera
y responsable como herencia para las generaciones venideras, pero esto solo se logra
con responsabilidad, sin intereses mezquinos, con voluntad real, pero sobre
todo con respeto por la majestad de las instituciones como en el caso de las
FFMM, patrimonio valioso legado por nuestros ancestros. Corresponde al gobierno
redireccionar el rumbo, anteponiendo a sus intereses personales los propios del
país, sin condenar a quienes tienen el valor de expresar su preocupación en
forma leal y abierta.
martes, 31 de julio de 2012
La guerra jurídica contra los militares
Editorial
LA LEGALIZACIÓN CONSTITUCIONAL DE LOS
ABUSOS
A
la fiscalía ya deja de preocuparle la vigencia del acuerdo que firmara en 19967
con el ministerio de defensa, porque ya obtuvieron una norma de muchísima mayor
jerarquía con la consagración
constitucional que se pretende hacer de sus pretensiones.
El
abuso que algunos miembros de la fiscalía hacen de sus atribuciones,
materializado en la maximización, agravamiento y manipulación de los cargos,
como expediente para encartar a militares,
constituye una práctica común y muy frecuentemente utilizada. Este perverso
subterfugio utilizado con plena conciencia de que constituye un desborde ilegal
que la práctica ha permitido, ha llevado ya a demasiados inocentes a
investigaciones y privación de la libertad total y absolutamente injustas.
La
consagración constitucional que pretende establecer como excepción del
conocimiento de la Justicia Penal Militar de algunas conductas delictivas, no
es más que la legalización de estos abusos que elementos de la fiscalía han
venido haciendo desde tiempo atrás; los crímenes que se proyecta excluir son los
que, sin corresponder y como estrategia siniestra, ordinariamente se atribuyen
casi todos los militares que son investigados por la Unidad de Derechos Humanos
de la Fiscalía.
Esta
maniobra ha avanzado, y cada día cobra mayor impulso, gracias a la inadvertida concientización
de la opinión, la que terminó convencida de que las operaciones militares han
sido la máscara para tapar conductas criminales y nadie, por ello, se atreve a
cuestionar estas acciones, que asumen una apariencia de legalidad; a la
consolidación de la artimaña, contribuye también la poca o nula oposición de
quienes conocen la falsedad de estas premisas y por comodidad, temor o
necesidad, callan y permiten que estas prácticas y las teorías que las
soportan, hagan carrera, independientemente de su inaceptable injusticia y del
perjuicio que han generado a las Fuerzas Militares y Policía y al país, que
pareciera paralizado o indolente.
La
persecución de los culpables, que los hay, no puede llevar al abandono de los
inocentes en manos de un cuerpo de investigadores cargado de intenciones de
diferente índole, en donde bajo el mismo parapeto se escudan, entre otros,
fines ideológicos, políticos o de venganza, junto con consideraciones de conveniencia, de aplauso,
promoción o premio.
La
desprotección de los militares investigados de hoy y de ayer, alcanzará su más
alto nivel cuando el Congreso apruebe el proyecto de Fuero Militar que hace
trámite allí. La Constitución, entonces, garantizará a quienes desde la
Fiscalía persiguen fines políticos para paralizar, definitivamente, las
operaciones militares contra los grupos terroristas. Quienes se llamen a engaño
y sigan creyendo en la bondad del proyecto, mañana serán sus víctimas o los
testigos del descalabro, pero su lamento
será tardío y sin posibilidad de dar marcha atrás para revertir el desorden.
Centro
Colombiano de Pensamiento Político-militar
jueves, 19 de julio de 2012
CAUCA: HUMILLACIÓN, IMPOTENCIA O IRRESPONSABILIDAD…
Por: MG ®
Hernando A. Ortiz Rodríguez
Miembro del
Centro Colombiano de Pensamiento Político-militar
Para quienes lucimos el uniforme de soldados de
Colombia, fue particularmente doloroso ver las imágenes que los medios de
comunicación, una y otra vez mostraban del acontecer en el Departamento del
Cauca y en el que claramente se veía a una turba enardecida de indígenas
vejando y humillando a nuestros hombres; conmueve, ver las lagrimas del
Sargento García, no como acto cobarde, mas bien como símbolo de impotencia,
desazón y reflejo de lo que es nuestro país hoy, pero con la convicción de que
las armas no se dirigen al pueblo sino al enemigo, fue un acto que si bien nos
dejó mal sabor, confirmó porque la institución militar es la de mayor
aceptación y estima del pueblo, fue un monumento al respeto por la vida que
tanto nos critican.
Pero cabe preguntarse porqué hemos llegado a este
estado; porqué se critica al Ejército y a sus comandantes como responsables de
lo que allí sucede, por ello, comparto estas reflexiones y respuestas:
El Cauca, desde la colonia ha sido protagonista de la
lucha por la tierra y por el poder, pero no fue allí donde se hubieran dado las
grandes batallas de libertad, sin embargo, muchos de sus preclaros hijos
tuvieron la responsabilidad de manejar el estado Colombiano en los últimos
doscientos años.
Dónde quedó su legado y aporte a la región, dónde el
aporte de sus líderes políticos, sus dirigentes cívicos, dónde quedó la acción
de su actual gobernador que prefiere encargar un secretario y viajar en lugar
de enfrentar el problema. Dónde quedó la acción de los últimos gobiernos
centrales mas allá de la sospechosa tolerancia con las comunidades indígenas,
manipuladas por intereses oscuros ;
dónde quedó la acción de los últimos ministros del Interior responsables
del manejo y presupuesto para esas comunidades; porqué va el señor Presidente al
Cauca, recibe una significativa silbatina, se va y se obliga al Ejercito a
resolver el tema; Dónde está el parlamento, dónde está el poder judicial del
Estado investigando y judicializando los autores de la agresión y provocación
descarada a la tropa, dónde está la defensoría del pueblo, las ONG’s, la
iglesia Católica, los gremios económicos, dónde esta su voz de protesta, dónde
está el ciudadano de bien que no vela por preservar el patrimonio nacional como
lo es el Ejercito.
Señor Presidente: No abandone a su suerte el Ejercito,
es hora de que los políticos y dirigentes, la política, la sensatez (magnifico
ejemplo del Sargento García) y la acción de gobierno y del estado actúen o será
tarde y nos tocará con respeto y no sin razón repetirle lo que AIXA madre de
BOABDIL en el siglo XV le dijera a propósito de la pérdida de la Alhambra:
“Llora como mujer, lo que no pudiste defender como hombre”.
viernes, 15 de junio de 2012
¿MIEDO A LA PAZ?
Al repasar sus
palabras del día de ayer en nuestro claustro sagrado de la Escuela Militar, lo
hacemos con respeto y mucho interés,
especialmente lo que el señor Presidente nos afirma que es “su actitud de ofrecer la Paz”; acto seguido nos dice “no le tengan
miedo, señores oficiales retirados, a la paz, porque señores oficiales,
suboficiales y soldados: la paz es la victoria, la paz es la victoria; no se
les olvide nunca”; luego prosigue “La paz repito, es la victoria. Pero eso sólo
se logra con contundencia y perseverancia en el lado militar”.
Nos propusimos
entonces repasar que hicimos la mayoría
de los retirados en actividad por 20, 30,35 o 40 años y en ese recordar nos encontramos con viudas,
huérfanos, mutilados, enfermos mentales, hogares destruidos, muchos militares
inocentes en las cárceles, perdida la Justicia Penal Militar y una interminable lista que pudiera catalogarse
como precio por la paz .
Voluntariamente
y desde muy jóvenes abrazamos esta causa, también fuimos cadetes como el señor
Presidente y con mucho orgullo escogimos la opción de la carrera de las armas
con el único propósito de servir y amar
la patria; fuimos pues a la guerra a obtener la victoria arriesgando la vida y
persiguiendo la paz anhelada que por doscientos años la sociedad Colombiana fue incapaz de alcanzar; en ese empeño de años unas veces con éxito,
otras con fracaso pero siempre con sacrificio y voluntad de vencer,
perseverando, los militares trabajamos
con las herramientas que los gobernantes nos proporcionaron y obviamente
atendiendo su sabia dirección.
El haber vestido
el uniforme y haber desempeñado el noble oficio de defender la Patria por
tantos años, nos habilita como ciudadanos para opinar, criticar o sugerir, aun
sin que se nos pida, porque la paz no se ordena, se construye entre todos;
además, la experiencia de hacer la guerra y conocer sus incertidumbres y
complejidades nos permite aportar valioso capital para la toma de decisiones
que no puede soslayarse pues solo persigue que no se cometan los errores que en
el pasado se cometieron y que hoy se traduce en más sangre.
Construir la paz
no es negociar por debajo de la mesa, señor Presidente con toda consideración usted
nos ha dicho que no había contactos en este momento, los rumores que son tantos, nos llevan a
dudar sobre la certeza de tal afirmación, quisiéramos estar seguros de la
lealtad hacia nuestros Soldados, que con la absoluta entrega pierden su vida en
el campo de combate.
Los ensayos de
paz de los diferentes gobiernos, han tenido un alto precio, Señor Presidente. Y
gran parte de ello lo pagamos quienes hoy en el retiro y ayer en el servicio
activo, fuimos invitados a no tenerle miedo a su paz. No lo tuvimos en la
guerra cuando nos correspondió afrontarla en la primera línea de combate, mucho
menos hoy cuando otros valientes y buenos soldados nos relevan en el
sacrificio. Su invitación a no tenerle miedo a la paz, no es cosa diferente que
una demanda de sumisión a su caprichosa
forma de entenderla, es una pretensión de silenciar nuestra opinión.
Ese es el tipo
de preocupación que nos agobia, no es el miedo a la paz esquiva, es
preocupación por el sobrecosto que los militares en particular habremos de
seguir pagando para alcanzar “su paz” señor Presidente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
