Quienes somos

"Un grupo de colombianos, militares y civiles de reconocida experiencia a nivel nacional e internacional, conformado para analizar y debatir problemas importantes sobre la defensa y seguridad nacional".

domingo, 11 de septiembre de 2011

Editorial de la Semana

EDITORIAL
Bogotá, D.C, 11 de Septiembre de 2011

LA VERDADERA  SALIDA A NUESTROS PROBLEMAS

Una realidad de la cual tenemos que partir es que, en los últimos treinta años los  militares en Colombia no hemos trabajado lo suficiente para satisfacer nuestras necesidades básicas, descuidando peligrosamente el bienestar de nuestros hombres. Cuando estamos en actividad el quehacer de nuestra profesión nos mantiene las veinticuatro horas ocupados en nuestra principal misión constitucional, cual es la de mantener libre de amenazas a nuestros ciudadanos, por demás loable y estoica, pero injusta con nuestros hombres, que son los que en últimas permiten el cumplimiento de la misión. Siempre hemos estado preocupados por todo lo atinente al cumplimiento del deber, descuidado gravemente la estructura básica del bienestar de los hombres, como son: la nivelación salarial, la salud, la vivienda, la recreación y seguridad jurídica para poder gozar de un retiro tranquilo.

Hemos callado cuando se nos ha exigido el crecimiento de las fuerzas sin los requerimientos mínimos necesarios para el sostenimiento de los nuevos efectivos, siendo más notoria esta falencia en el Ejército. Es así como han colapsado los servicios de salud,  vivienda y recreación, que entre otros, han incidido notoriamente en la estabilidad familiar de los integrantes de las Fuerzas Militares. Sin temor a equivocarme creo que desde tiempos del Gral. Luis Carlos Camacho Leyva, no ha habido  un claro interés en este aspecto.

Cuando el Ministerio de Defensa pasó a manos de civiles, no tuvimos la suficiente visión para empoderar  el Comando General y desde ahí empezó nuestro calvario, cada vez nos quitan más y más poder, año tras año hemos ido perdiendo espacio, y los mandos han permanecido indiferentes. Los ministros militares que tuvimos hasta 1991, además de que tenían un conocimiento claro de la  amenaza, conocían en carne propia la importancia de mantener satisfechas las necesidades básicas de los subalternos y luchaban por alcanzarlas; es cierto que el enemigo creció, porque  en aquella época no existía la voluntad política, y por lo tanto no se suministraban los medios  para alcanzar la victoria.

Desde la aparición de los ministros civiles, tuvo preponderancia la asignación de los medios para ganar la guerra, eso hay que reconocerlo, pero  el bienestar y la solución de las necesidades básicas de la tropa no han sido importantes, porque la lealtad y el compromiso están ahí, con sueldos dignos o sin ellos, con salud o sin salud, con instalaciones o sin ellas; lo único  importante son los éxitos operacionales, para luego reclamar el protagonismo que los proyecte en su carrera política.  Ya nos conocen muy bien, saben que nos pueden tramar con una condecoración, con más soles, o repitiéndonos que somos héroes, la verdad es que quedamos felices, aun en el retiro nos siguen tramando  con promesas y discursos lisonjeros, lo anterior es importante pero siempre y cuando este acompañado de soluciones reales a las necesidades básicas.

La pregunta del millón es ¿de quién es la culpa? Con frecuencia solemos quejarnos de nuestras desgracias y de la falta de interés de la dirigencia civil, sin darnos cuenta que fuimos nosotros mismos los que en su momento, unos más que otros, fuimos los culpables de esta terrible realidad que ha llegado a niveles críticos. Los ministros de defensa, independiente de quien sea, cuando se posesionan prometen solucionar todos nuestros problemas, pero ningún mando militar de los últimos tiempos ha convencido al gobierno de la urgente necesidad de satisfacer las necesidades básicas de sus hombres y esto ha ido en contra de la propia moral y la eficiencia. Ojalá que esto cambie con la designación del joven Ministro Juan Carlos Pinzón, descontaminado de intereses políticos, quien proviene de estirpe militar y que ha sufrido directamente las necesidades de las Fuerzas.

Se ha puesto de moda expresar nuestro pensamiento e inquietudes a través de las redes sociales; todas las organizaciones de la Reserva Activa sin excepción; han creado centros de pensamiento, otros a título personal, comentan y expresan las más diversas inquietudes, normalmente de inconformismo; unos lo hacen con altura y equilibrio, otros más radicales expresan su pensamiento con mayor vehemencia, pero al final todas son válidas y justas. Lo que nos debemos preguntar es, qué tanta injerencia han tenido todos nuestros válidos y justificados reclamos?  Sin duda alguna estas voces son importantes, pero debemos ir más allá. Tal pareciera que nuestras quejas y reclamos no tienen la trascendencia que quisiéramos; todo eso tiene una explicación: los militares no tenemos poder político, ni para inquietar  al más activo de los políticos. Por otra parte, nuestro común denominador ha sido la desunión; los coroneles en contra de los generales, los suboficiales en contra de los oficiales, los celos entre las organizaciones de retirados por la competencia de poder, etc.  Así no llegaremos a ninguna parte, nos quedaremos en las protestas aisladas de los que se atreven a escribir.

La principal salida a esta problemática es que los activos (cúpula militar), exijan con respeto  pero con entereza la solución a los graves problemas de bienestar de las Fuerzas y lo más importante restituir nuestra justicia para que no seamos presa de nuestros enemigos, so pena de colapsar en un inconformismo generalizado de impredecibles consecuencias.

En cuanto a la Reserva Activa, deberemos seguir insistiendo en algo que ya se ha intentado varias veces sin éxito, la creación de un partido político, no debemos sucumbir ante los anteriores fracasos, ya que si existe  una verdadera unión podríamos  lograr este objetivo.

Porque no insistir en algo que parece impensable, con el imprescindible apoyo de los activos, buscar el voto de los miembros de la Fuerza Pública, tarea por demás difícil, aquí se ha dicho en muchas ocasiones de que es inconveniente, aunque no sabemos para quién resulte inconveniente.  ya no estamos en las épocas del nueve de abril del 1948, cuando existían unas fuerzas poco profesionales y politizadas.  Las Fuerzas Militares y de Policía de hoy en día son más preparadas, modernas y con una capacidad democrática autónoma. 

Los militares no somos ciudadanos de segunda, debemos exigir los mismos derechos de los demás colombianos. Claro está que existen intereses para que esto no suceda en Colombia, algunos lo estigmatizan, incluso entre nosotros mismos.  Creemos firmemente que solo así seremos tenidos en cuenta. El día que tengamos una herramienta política que nos soporte y nos vuelva trascendentes seremos oídos realmente, imagínese son más de cuatrocientos mil votos. Abramos el debate, primero entre nosotros mismos y luego socialicemos la idea con las demás fuerzas del país; no desistamos antes de intentar lo que ya existe en otros países.

CENTRO DE PENSAMIENTO POLITICO MILITAR

sábado, 3 de septiembre de 2011

Bienvenido DR Juan Carlos Pinzón Bueno al Ministerio de Defensa Nacional

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HOJA DE RUTA PARA EL NUEVO MINDEFENSA
Carta abierta en espera de una buena gestión

Por Brigadier General Jaime Ruiz Barrera *

La decisión de relevar al actual Ministro de Defensa en procura de cambiar esa gravísima percepción de inseguridad reinante en el país, constituye una acertada medida de gobierno, siempre y cuando, el nuevo Ministro asuma como tarea prioritaria, atacar de frente y sin vacilación alguna, las distintas causas que generan esa falta de motivación que tienen las tropas para jugarse la vida en el campo de combate.

La tarea en que se han empeñado los actuales mandos para motivar a sus tropas bajo ese eslogan altruista de “ fe en la causa “sin duda alguna ha sido muy importante, pero para su mayor efectividad, requiere con urgencia de ingredientes reales y palpables, que le generen credibilidad y fortaleza. Fe en la causa es voluntad de lucha, y esta se pierde fácilmente cuando surgen factores de desmoralización en las tropas.

Independientemente de los problemas salariales, de bienestar y de seguridad social que afectan gravemente a nuestros combatientes, a mi juicio el que más pesa y que podría ser la causa principal de esa desmotivación, es el de la inseguridad jurídica. Nuestros hombres de honor ven a muchos de sus jefes, comandantes y compañeros, que en su momento y en virtud de resultados victoriosos en la lucha con el enemigo, fueron felicitados, condecorados y al poco tiempo humillados, enjuiciados e injustamente encarcelados.

La nueva estrategia de los terroristas y de las bandas criminales a las cuales deben enfrentarse, ha sido muy exitosa. En contubernio, o mejor dicho en una evidente y descarada asociación, colectivos de abogados, funcionarios de la rama judicial y ONG afectas a los grupos terroristas, montan el libreto requerido para llevar a cabo las acciones necesarias que les garantice el enjuiciamiento y condena de nuestros combatientes. En toda operación militar en la cual se produzcan muertes en combate, aparecen de inmediato en el sitio de los acontecimientos miembros y funcionarios de esta terrible asociación, donde reclutan falsos testigos y falsa pruebas que después utilizan habilidosamente en los estrados judiciales. Esta es la guerra política y jurídica en la que hemos sido vergonzosamente derrotados y en la cual el Estado o el país en general, ha hecho caso omiso, dejando en abandono total a quienes se están sacrificando por la defensa de la patria.

El nuevo señor Ministro debe oír a sus Generales. Debe dejarles la responsabilidad de la conducción operativa de las tropas y el como ministro, actuar como un super administrador y orientador de las políticas de seguridad nacional que establezca el gobierno central, llevando eso si y como le corresponde, el peso político de su gestión. 

En lo atinente a la estrategia de seguridad nacional, debe utilizar gente idónea, preferencialmente a militares con experiencia, en retiro o en servicio activo, y evitar la improvisación con nuevos funcionarios, que por lo regular dan al traste con su tarea y la  conducen al fracaso. Debe también romper la barrera existente creada por ministros anteriores y a través de la cual, su gabinete ministerial armo tolda aparte para el manejo solitario de todo lo que tiene que ver con la misión institucional de las Fuerzas Militares.

Por otra parte, hacer esta guerra con legislación de paz, es supremamente difícil. Los países que han sido exitosos en conflictos similares, lo han logrado dentro de un marco jurídico y normativo apropiado, con el cual les han proporcionado plena seguridad y garantías a sus Fuerzas Militares. Hay que lograr con urgencia la legislación apropiada que nos permita consolidar lo que se ha alcanzado y asegurar la victoria final dentro del marco legal y constitucional que la ética nos impone. Consecuente con lo anterior, es también muy importante revisar y adecuar los manuales operativos concebidos en años anteriores, cuyas excesivas medidas restrictivas, generan confusión y le quitan libertad de maniobra a las tropas en combate. Esta circunstancia, favorece plenamente a los grupos armados ilegales con los cuales deben enfrentarse.

La tarea por realizar será mucho menos difícil, si logra concertar apropiadamente con los únicos voceros validos con que cuentan quienes en servicio activo portan las armas de la república: …sus mandos naturales y las reservas activas de la nación. Las reservas, por cuanto los combatientes no pueden ser deliberantes y carecen de la potestad de exigir y reclamar. Busque y mantenga el contacto con las asociaciones militares, las cuales le serán de gran ayuda en el estudio y solución de los problemas que afectan a nuestras instituciones. Esta es la razón de ser de estas asociaciones. Aprovéchelas Señor Ministro, si usted y los nuevos mandos que se designen, no logran recuperar la moral de las tropas que defienden este país, cualquier acción de gobierno tendiente a restablecer y fortalecer esa percepción de seguridad que antes existía, será totalmente infructuosa.

El país entero está pendiente de los resultados que pueda lograr en la gestión que comienza. La mayor expectativa la tienen quienes portan las armas de la república. Ponga usted el interés y la voluntad política necesaria y las tropas el esfuerzo y la voluntad de lucha que se requiere para defender y salvar a Colombia. Si esto se cumple, el país saldrá triunfante.

Bogotá, 3 de Septiembre de 2011

    * Oficial de la Reserva Activa del Ejército, Miembro del Centro Colombiano de Pensamiento Político y Militar

domingo, 28 de agosto de 2011

Editorial de la Semana

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LA ENCRUCIJADA DE LA JUSTICIA (II parte)

Por: Centro colombiano de Pensamiento Político Militar

Nuestros Soldados están preparados para una guerra que los ha mantenido en el campo de combate por más de cinco décadas, conocen las tácticas y dificultades de la misma, han demostrado su capacidad, entrega y valentía, enfrentando un enemigo que recurre a todas las formas de lucha, que actúa  violentando permanentemente las leyes de la misma guerra, orientado por un brazo político que conforma una muy bien coordinada red de organizaciones y colectivos que hacen ilegal y cumplida tarea. No dudamos que la decisión es la de obtener la victoria final en el campo de combate, pero este lógico propósito de un Ejército en  guerra por la defensa de su pueblo, se ve disminuido  por la actuación de una justicia que antepone su tendencia ideológica, utilizándola como arma de guerra y logrando lo que hoy estamos viendo con nuestros combatientes: Temor angustioso que paraliza el entusiasmo por el cumplimiento de la misión.

¿En dónde hallamos explicaciones que puedan despejar los enigmas de la parcializada justicia que nos están aplicando? En primera instancia la respuesta la encontramos en los cambios de la política mundial, la izquierda internacional encontró el camino y objetivo perfecto de su lucha por el poder, y así,  se apropió de la justicia internacional donde la mayoría de tribunales y jueces no están interesados en ocultar su identidad filosófica  y son sus más obsecuentes aliados políticos. Novedosas y “avanzadas” teorías e interpretaciones hacen carrera en juicios muy bien  promocionados, donde estrenan la aplicación de su despótica doctrina.

La bandera de los Derechos Humanos se constituyó en su sofisma primario, la interpretación acomodada de los mismos en su causa de lucha y su legión de pregoneros  integrada por unos extremos y otros incautos, completan la maquiavélica estrategia que en América Latina encontró en la historia política de la región  su fuente de venganza: por un lado las Fuerzas Militares, por el otro los guerrilleros, terroristas, revolucionarios o insurgentes, como quieran denominarlos, favorecidos por el perdón, el olvido, el indulto, la amnistía o el desconocimiento de sus criminales acciones . Unos deslegitimados, juzgados y condenados, los otros libres, reivindicados y gozando del poder y la indulgencia del Estado. En la región, el conflicto Colombiano es el compromiso superior de la izquierda y su más rentable objetivo: los Militares, su justicia, su legitimidad y su institucionalidad.

En las actuales circunstancias son muchos los interrogantes que civiles y militares, instituciones y sociedad se hacen con respecto al desarrollo de la guerra: ¿Qué está pasando al interior de las Fuerzas Militares?¿Están guerrilleros y terroristas recuperando capacidad y espacio? La respuesta no es otra que la aplicación politizada de la justicia y la conclusión, el alto grado de afectación en la moral del combatiente. Cuando se conoce la tragedia del soldado con la injusticia  que lo persigue, fácilmente se entienden los motivos de su hastío.

Mientras la Justicia Penal Militar fue satanizada, desprestigiada y deslegitimada, con el argumento que era la justicia de bolsillo de los militares, la ordinaria se constituyó en el adalid de la lucha ideológica, la poseedora de la verdad, la intocable, pura y soberbia, el militar por el solo hecho de serlo, es acreedor de la sospecha, especialmente cuando el Oficial o Suboficial posee una hoja de vida que lo muestra como un combatiente  integral (condecoraciones, felicitaciones, combates, cursos, etc..) circunstancia que la fiscalía se encarga de presentar como la prueba reina y la demostración de su perfil criminal. Los plazos que por ley se deben cumplir no hacen parte de los procesos contra los militares, los testigos y testimonios falsos se convirtieron en un proceder normal y justificado, las organizaciones y colectivos de izquierda son los de fiar, tienen las puertas de la justicia abiertas con amigos en los estrados judiciales y acceso preferencial, en cada diligencia judicial el militar se enfrenta a la presencia reforzada de los miembros, que nunca faltan, de los famosos colectivos dispuestos a descargar su rabiosa ideología  y odio que los identifica. Para complementar el panorama, la propia Institución cometió el grave error de aprobar y publicar el famoso Manual Operacional que es el compendio de la más grande confusión para nuestros soldados y el asombro y desconcierto  de quienes saben de la  guerra que enfrentamos.

La  preocupación por esta grave situación en ningún momento  genera  dudas sobre la valentía y compromiso de nuestros hombres, tampoco sobre la victoria final de la institucionalidad, pero sí la  urgente reflexión de nuestros  comandantes, la guerra militar la sabemos enfrentar, la otra que nos han declarado, la jurídica-política no. Por lo tanto, es la obligación moral de nuestros líderes militares, enfrentarla con toda la decisión, riesgos, sin miedo, abierta y públicamente. Inaplazable es un reajuste en las prioridades y compromisos en la conducción de la defensa institucional. Los subalternos, quieren ver a sus comandantes más decididos, con mayor coraje para no abandonarlos en los momentos de dificultad.


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domingo, 21 de agosto de 2011

Editorial de la Semana


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Editorial

LA ENCRUCIJADA DE LA JUSTICIA  (I parte)

Por:    Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar
 
El Ejército de Colombia, Institución que según las encuestas está en el alma del pueblo, lleva décadas sosteniendo y garantizando la democracia, salvando al país del terrorismo y el narcotráfico, dos flagelos que se trazaron como meta la toma del poder por las armas y la corrupción. Gracias a este  Ejército no han logrado sus propósitos, pero desafortunadamente se encuentra hoy en la más grave encrucijada de su existencia: La guerra jurídica.

En tal circunstancia, el futuro es incierto y es entonces cuando aparece la duda sobre la visión e interés institucional frente a la dimensión del problema. ¿Existe un medio de supervivencia institucional que permita enfrentar la aplicación e interpretación perversa de una justicia que no merece la confianza debida? ¿Nuestros Comandantes conocen y están conscientes de la situación? ¿Está haciendo carrera el argumento que el Ejército transparente de hoy es diferente al Ejército violador de ayer, como irresponsablemente lo planteó uno de los últimos comandantes de las Fuerzas Militares? ¿Están ingenuamente convencidos nuestros Comandantes que los dirigentes políticos asumirán el liderazgo de la verdadera y comprometida defensa institucional para solucionar esta crisis? Estas preguntas exigen inmediatas respuestas y acciones.

La guerra que el Ejército ha librado durante tantas décadas concentró toda su capacidad, años de entrega y  de responsabilidad, a la dedicación exclusiva de la actividad militar, lo cual,  nos alejó  de toda preocupación e interés por la política,  que un buen Oficial debe dominar y practicar en el mejor sentido, como lo muestra la historia universal con los grandes comandantes y líderes militares de todas las épocas. Nuestros políticos han sabido  aprovechar estas circunstancias, manteniendo a  los militares entretenidos en su guerra, manejando hábilmente las circunstancias para mantenerlos alejados del tema político con el pretexto de que los militares no son deliberantes.

En medio del conflicto llegaron las grandes transformaciones mundiales y la izquierda con la mayor habilidad se apropió de la bandera de los derechos humanos, y junto con las famosas e intocables ONGs su brazo desarmado, en armonía con la justicia, se convirtieron  en la mejor y más efectiva arma de guerra, tanto que uno de nuestros magistrados sentenció amenazadoramente: “este este es EL SIGLO DE LOS JUECES” y no lo dudamos, porque es lo que estamos viviendo e inocentemente enfrentando.

Con absoluta convicción hablamos de la guerra jurídico-política, que no es otra diferente a la guerra que estamos perdiendo en el campo de los politizados estrados judiciales, con la esmerada tarea de los colectivos fácilmente identificados por su ideología,  circunstancia que exige y así lo esperan sus subalternos,  el mayor compromiso, acción y determinación de los Jefes de nuestras Fuerzas Militares. La justicia politizada avanza lenta e inexorablemente, cada paso es bien pensado y contundente, reclama y exige respaldo y respeto, para sus sesgadas decisiones, son intocables y cualquier opinión o declaración en desacuerdo  la asumen como una amenaza y se convierten en víctimas ante el Estado, la sociedad y las demás organizaciones. Nunca pierden con sus  interpretaciones y siempre las justifican, porque  estamos en el “SIGLO DE LOS JUECES”.

Los militares colombianos después de tantos años de guerra, reconocidos  internacionalmente por su  experiencia  y valentía, saben que la misión, su razón de ser y el compromiso institucional no les permite actuar con impunidad. El propio Ejército como parte de sus políticas es perfectamente consciente que ganar la guerra impone legitimidad, respeto y aceptación de su pueblo, por ello, su argumento jamás será ser condescendiente con acciones ilícitas de unos pocos de sus miembros. La exigencia y no la súplica, es por lo tanto: justicia, verdad e imparcialidad jurídico-política de nuestros Fiscales y Jueces de la Justicia Ordinaria para con nuestros procesados.

Imposible desconocer la participación delincuencial de algunos de nuestros hombres que equivocadamente alteraron su misión, forma de actuar y desatendieron lineamientos éticos y morales al enfrentar el conflicto interno que vive el país. En estos casos sin vacilación la justicia debe actuar, pero inaceptable es que organizaciones, colectivos, prensa y justicia politizada, pretendan aprovechar estas circunstancias para generalizar actitudes individuales y deslegitimar la Institución Militar.

Esta delicada situación demanda mayor acción y diligencia de los Mandos Militares. No es el Ministro civil, ni los políticos quienes tienen en primera instancia la defensa Institucional. Ellos son pasajeros y la mayoría de las veces no conocen ni entienden la naturaleza del Ejército. La defensa Institucional es responsabilidad directa de los Comandantes y la deben asumir inclusive  a costa de su propia supervivencia profesional. Los subalternos así lo exigen y  los quieren ver como ellos  dicen: “jugándosela” por sus hombres, defendiéndolos públicamente de las injusticias que a diario hacen carrera.

La guerra en el campo de combate la estábamos ganando, pero la guerra jurídico-política por desgracia la estamos perdiendo y una lógica y simple deducción es que éstas circunstancias, a no dudarlo, paralizan el accionar y afectan la moral del combatiente. La justicia ya emitió su sentencia a nuestros Soldados: “estamos en el  SIGLO DE LOS JUECES”, y entre tanto  esperamos un milagro en medio de la mayor ingenuidad y torpeza institucional. ¡No podemos olvidar a nuestros detenidos! Ellos son inocentes hasta que se les demuestre lo contrario en juicios imparciales. Luchemos por ellos y por el Fuero Militar que nos han arrebatado a pesar de estar vigente en la Constitución Nacional.

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viernes, 12 de agosto de 2011

El análisis de la Semana


Un gobierno indescifrable. Un año de incertidumbre

MG(R).VICTOR ALVAREZ VARGAS
Miembro del Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar

Después de la exitosa Estrategia de Seguridad Nacional, puesta en práctica durante el primer gobierno y parte del segundo del Presidente Álvaro Uribe Vélez,  quedó demostrado que era posible derrotar a los violentos, que durante años se afianzaron peligrosamente.  Este gran logro fue posible gracias a una estrategia bien lograda, que integraba la mayoría de los estamentos del Estado, acompañado de una férrea voluntad política en cabeza del Presidente de la República. Este gran éxito le abrió camino a la reelección, una amplia mayoría de colombianos cifraban su esperanza de que culminara la tarea inconclusa.

Sin embargo, y aunque se le atribuyen realizaciones que lo colocan de lejos como el mejor presidente de Colombia en los últimos cincuenta años, no fue posible consolidar el esfuerzo hecho en su primer gobierno, particularmente en lo que respecta a la seguridad nacional, debido a los desaciertos en la política exterior, el torpe manejo de la rama judicial, la desleal  posición frente a la abnegada labor de las Fuerzas Militares, con el sepultamiento del fuero militar y la equivocada posición frente a las falsas acusaciones contra la Fuerza Pública, el afán de protagonismo y la ambigua posición con las organizaciones de Derechos Humanos, aceptando violaciones del Ejército no comprobadas en debido proceso y por último la “papaya” dada con los errores graves de algunos de sus más cercanos colaboradores.  No obstante, el Uribismo se mantuvo en pie, como una formula comprobada para la derrota definitiva de los grupos armados ilegales.

Dentro de la amplia gama de candidatos que se presentaron para su sucesión, fue Juan Manuel Santos, quien mostró mayor afinidad con la continuación de la exitosa política de seguridad, pues además de que había sido su principal protagonista,  mostró durante la campaña la mayor seriedad y equilibrio con las más sentidas necesidades del pueblo colombiano.   Por todo esto,  frente a sus adversarios resulto avasallador, surgió así el candidato que ofrecía las mejores condiciones de continuidad  en las férreas posiciones frente a los violentos, con la experiencia suficiente para enmendar los errores de su antecesor.

Los colombianos, esperanzados en la continuidad prometida de la Política de Seguridad de Uribe, volcaron su apoyo en su mejor aliado, su ex ministro de Defensa, quien representaba de gran manera los éxitos de su Política de Seguridad. Pero ni el más avezado de los analistas se hubiera atrevido a vaticinar sobre cuál sería la reorientación política del más firme aspirante para continuar la política de Seguridad Democrática, aunque los militares teníamos serias dudas por las posiciones en contra del estamento, cuando se desempeñó como Ministro de la Defensa. Inició entonces su gobierno, concertando a los demás partidos con el fin de orientar su gobierno hacia lo que llamó “La Unidad Nacional”.

Aunque hay que reconocer que al Presidente no le ha ido mal, lo indican las encuestas, la realidad no demuestra tanto optimismo, por lo menos en seguridad; el presidente Santos decidió sutilmente apartarse de las políticas del Uribismo, los intereses políticos han sido su prioridad, su espaldarazo al partido Liberal en la aprobación de la Ley de Victimas, que el mismo consideraba inviable en el gobierno anterior. El punto crucial ha sido ganar un liderazgo con base en una popularidad fingida y en acuerdos periodísticos más allá de las ramas del poder.  Su política no ha sido del todo coherente con los principios de su partido y, con un interés claramente politiquero, ha tomado un camino facilista, cual es el de tratar de quedar bien con todos los partidos, particularmente con la oposición;  es claramente  el toque europeo de la Tercera Vía, que no le dice nada a nadie, pero suena bien, para algunos teóricos, que aprovechan esa circunstancia para ser de izquierda sin reconocerlo y hablar de “la mano negra de la derecha”, idea brillante para silenciar opositores históricos. La clave de su popularidad ha sido el apoderarse de todas las instancias de los desprotegidos, al estilo Argentina, política a la que quedará muy difícil oponerse y menos teniendo el apoyo de organismos internacionales.

Inició su gobierno con muy buenos resultados en la política exterior al componer las estropeadas relaciones con el vecindario, lo cual fue bien recibido por la mayoría de los colombianos; era absolutamente necesario calmar la tensión en la Región, pero sin exageraciones ni falsos devaneos. La política internacional debe ser seria, sin mancillar la dignidad nacional y con claros objetivos.  Sin embargo, falta mucho por descifrar respecto a las verdaderas relaciones amistosas con nuestros vecinos, las que parecen ser más mediáticas y diplomáticas que reales: las cuentas por pagar de Venezuela aún siguen en rojo, la deportación del terrorista Julián Conrado, quien se encuentra detenido en Venezuela desde el pasado 31 de mayo continua embolatada, por las evidencias se duda mucho que se hayan cortado los apoyos a la guerrilla colombiana. El Ecuador, aunque exoneró al ex ministro Santos, mantiene en pie las demandas a las autoridades militares y de policía colombianas que dirigieron la Operación Fénix.  

Muchos afirman que el presidente Juan Manuel Santos aflojó en la voluntad de vencer a los narcoterroristas, eso no es para nada cierto, todos sabemos del esfuerzo realizado por nuestras Fuerzas Armadas en este aspecto,  pero no podemos desconocer que la nueva modalidad de presión hacia las Fuerzas Militares, auxiliada por las cortes y la nueva jurisprudencia propia y foránea, producto de los acuerdos firmados por Colombia, -ha involucrado penalmente a más militares en los últimos cinco años que en toda su historia, a través de la innegable “guerra judicial”, además de que ha dejado sin piso la pruebas más contundentes de la Farc-política.

El esfuerzo principal de la guerra, en la actualidad está siendo sostenido por las unidades élites, que cuentan con los medios necesarios y el aparato judicial expedito para lograr los éxitos operacionales, las cuales están concentradas en dos o tres sitios específicos; mientras los Comandantes militares que actúan en la mayoría de unidades desplegadas en la geografía nacional, lo piensan dos veces antes de meterse en líos jurídicos, porque no tienen los medios ni la capacidad para aplicar la nueva y enredada doctrina operacional, que dificulta o impide la correcta aplicación de los principios y leyes de la guerra; mientras los bandidos actúan a sus anchas, sin la más mínima censura y con la complacencia de quienes sindican y atacan a las Fuerzas Militares.

Por otro lado, la guerrilla terrorista cuenta con un aliado legal que le colabora incansablemente en sus propósitos, el Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo“, que cuenta con una gran infraestructura -que trabaja con furia ideológica -e intereses económicos; elevando sus denuncias ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos con el fin de buscar su intervención;  justifica su accionar por la defensa de los derechos humanos, además de la ayuda ofrecida por los recientes fallos de la Corte Suprema de Justicia. Estas si son las verdaderas causas de la disminución de los resultados operacionales.

La nueva doctrina operacional que rige la Fuerzas Militares, fue inspiración del Dr. Juan Manuel Santos, cuando se desempeñó como Ministro de la Defensa, asesorada y redactada por jóvenes e “ingenuos estrategas”, que presionados por organizaciones internacionales de izquierda, buscaban alinearnos con los nuevos tratados y legislación de los Derechos Humanos.  Me atrevería a decir que no existe otro Ejército en guerra en el mundo, que tenga tantos y tan complejos condicionamientos operativos, gracias a las argucias de los personajes y organizaciones que ingenua o premeditadamente favorecen los intereses de los terroristas.

Además de las consideraciones anteriores, que redujeron notoriamente el accionar militar, podemos afirmar que el factor determinante para el arreciamiento de los actos terroristas en el gobierno Santos, fue la voluntad ofrecida por este gobierno para establecer nuevos diálogos con las FARC y el ELN., pues de todos es conocido que ante esa posibilidad, estos grupos intensifican su accionar, con el fin de llegar en condiciones más fuertes a un posible diálogo, para tratar de intimidar al gobierno y así obtener mejores beneficios en una posible negociación. Todo indica que los acercamientos en esta dirección son una realidad; ya existe una agenda para esta eventualidad; lo que no sabemos aún, son las condiciones para que se lleven a efecto, pero conociendo el estilo del Presidente Santos, tendrá un sin número de interlocutores y asesores, particularmente de izquierda, para buscar un consenso que lleve a “feliz” término las posibles negociaciones. 

Ante este contexto, son muchos interrogantes que nos podemos hacer en estos futuros diálogos. Cuál será el papel que jugarán los actores externos, ONU, OEA, CIDH?, de quienes conocemos su inclinación política y animadversión hacia las Fuerzas Armadas Colombianas, por lo que seguramente nuestro presidente los pondrá en el escenario, además de asesores externos “expertos” en la materia que tanto le gustan al primer mandatario, tal como lo es actualmente el señor Baltazar Garzón, ya residente en nuestro país desde hace varios meses; ni pensar en la posición de las Cortes y la fiscalía en las actuales circunstancias, y como es lógico será un bocado de cardenal para la jauría mediática que, muy seguramente, hará filas al lado de los “loables” propósitos del gobierno, ya que sin importar los costos, el enjuiciamiento de los militares podría ser una posible condición para buscar la tal anhelada paz.

Esta eventualidad afecta profundamente la integridad y prestigio histórico de las Fuerzas Armadas, desde ya tenemos que prepararnos para evitar ser sorprendidos; tendremos que organizar seminarios, foros y discusiones que nos acerquen a una posición que deberíamos tomar en tal escenario, particularmente las reservas activas de la FFMM. Tenemos que recordar que muchos serán los dividendos que nuestros enemigos naturales querrán sacar, como ha sido costumbre el gobierno permanecerá indiferente y apacible por el costo que tengan que pagar los militares ante un proceso de paz.


martes, 9 de agosto de 2011

Editorial de la Semana


EDITORIAL

“A la Defensa”

Se clama por ayuda, ante casos de gravedad en los que el Estado Social de Derecho esta’ en riesgo, se pide con desespero la intervención de los entes encargados, se logra a todo riesgo la estabilidad y normalidad, quienes han sido favorecidos  se manifiestan, motivan,  exaltan y agradecen a quienes tomaron acción; inexplicablemente con el paso de los días y ante manipulaciones e intereses oscuros, se ataca y juzga en forma injusta a quienes realizaron las acciones, antes aclamadas.

A  quienes se ha defendido,  son los que injustamente arremeten contra  quienes actuaron en forma oportuna y resolvieron una situación apremiante”. Esta es una realidad en el caso de Colombia y aplica a su Fuerza Pública.

La Fuerza Pública en Colombia ha sido ingenua en el manejo de varios aspectos que pretenden deslegitimarla  y buscan debilitarla, puesto que ha actuado de buena fe, ha sido crédula e inocente, especialmente en temas referentes a la Justicia ordinaria,  le ha faltado la sagacidad y perspicacia que sería lo único a imitar de la subversión, enemigos del Estado y de su legalidad.

A manera de ejemplo muy simple, en Colombia y en el mundo, han hecho carrera ciertos “remoquetes” que han perjudicado el buen nombre del país en general,  pero particularmente el de su Fuerza Pública, es el caso de las expresiones con las que se han catalogado a algunos delincuentes que se los llamó “Paramilitares”, o de algunas acciones del conflicto, que se han denominados “falsos positivos”.

En la primera expresión su significado literal se refiere a un grupo así denominado y considerado una ayuda para los militares, así se ha entendido en diferentes países, especialmente en Europa, y así hábilmente fue concebido por quienes quieren hacernos daño.

En la segunda expresión un tanto burlesca en que a la palabra “positivo”, empleada por nuestra Policía, se le agrega la palabra ”falso”, con el único fin de arremeter ante un posible error cometido, hacer propaganda y dimensionarlo; o de presentar como acto reprobable uno que se cine estrictamente a la ley, aceptando si’, que en situaciones excepcionales e individuales se pueden haber cometido deslices,  son personas que obran motu proprio, y que no es, ni nunca será, política institucional.  Estas dos expresiones y su empleo insensato, son entonces, unas simples muestras de la forma maquiavélica y sagaz de cómo obran a diario estas voces del mal y que actúan en contra del estado social de derecho. Lo lamentable y preocupante es saber que, ante estos ataques y hábiles estrategias, la Fuerza Pública no se defienda, o si lo hace, lo hace muy tímidamente.

Porque’ no hacerlo? Que’ nos lo impide? Acaso la Fuerza Legitima del Estado, la Fuerza Constitucional  en su difícil actuar,  muchas veces no comprendido y superficialmente analizado, no puede cometer errores precisamente por la dificultad con la que cumplen su misión?   Tenemos todo el derecho y mejor aun, es nuestra responsabilidad defendernos, somos una fuerza pública que ha demostrado su efectividad en el combate, demostremos también nuestra efectividad en este campo, salgamos victoriosos en este nuevo espacio, ese es el nuevo reto.

Llegó la hora de salir de ese retraimiento y mostrarnos tan valientes como lo somos en el campo de combate,  atacar y defendernos de esa  estratagema sistemática en varios aspectos, que tanto daño nos hace.

Así como para situaciones netamente operacionales se han montado  estructuras militares que han permitido contrarrestar con éxito la acometida en el campo de combate,  Batallones, Brigadas, Divisiones, Comandos Conjuntos, Fuerzas Especiales, se deben crear entes similares dedicados a la defensa en el campo de la Justicia, debemos tener la mejor organización, los mejores abogados, y brillantes especialistas en derecho; esa es ahora nuestra problemática, en el terreno somos superiores, en el combate de frente somos exitosos, debemos empezar por aceptar y reconocer  que nuestra actual falencia esta en el campo jurídico, esa es nuestra debilidad,  debemos actuar a tiempo y evitar que cause más estragos y diezme nuestra amada institución.

Vamos a seguir permitiendo más “Santo Domingos”, “Delicias”, “Plazas”,” Arias”, “Uscateguis” y más casos injustos?”

Tenemos que “vigilar” a ciertos entes como ellos nos velan sistemáticamente, desenmascarar sus verdaderos intereses, seguramente ellos tambien tienen falencias y no son tan justos como lo pretenden y quieren demostrar.

Como ejemplo de organizaciones que constantemente atacan a nuestra Fuerza Pública está un colectivo de abogados plenamente reconocido por todos, que, lejos de querer hacer justicia y buscar la verdad como promulgan, es un ente  que busca  lucrarse ante el dolor y la ignorancia en aspectos legales de unos deudos,  haciendo montajes, consiguiendo testigos falsos a quienes pagan para que expresen imprecisiones.  Para contrarrestar esa estrategia montada surge por primera vez, lo cual celebramos, el Colectivo de Abogados denominado General Revéiz Pizarro y Landazábal Reyes, recordando dos insignes y probos oficiales del Ejército Nacional, estas organizaciones “desenmascararán” a estos falsos testigos, “atacarán” con procedimiento legal  las falsedades y montajes de ese colectivo, “debilitarán” sus tesis, “alertarán” a aquellos deudos que ante su dolor buscan justicia pero que a la vez son engañados y manipulados en forma hábil.

Se ha reestructurado y se le ha dado un nuevo aire a la Defensoría Militar DEMIL, se le han impuesto unas tareas y un plan de trabajo que amerita  su existencia y  que le permita cumplir con su propósito, esta defensoría va ser medida en su labor, es un ente  que ya esta’ demostrando un nuevo derrotero.

Se debe entregar un respaldo jurídico y político a los subalternos a todo nivel, son ellos los que cumplen la tarea y terminar ese temor en ellos ante la arremetida de la justicia y la forma injusta en que sus acciones operacionales son analizadas.

Se están creando fundaciones desde la reserva activa, cuyo único propósito es defender a nuestros combatientes que han actuado correctamente en la dinámica y duro trajinar del ambiente operacional en el que se actúa, los que estamos ya por fuera del servicio lo comprendemos, actuamos y apoyamos.

Debemos exigir periodistas  más sensatos, no puede la prensa lanzar juicios a priori, debe existir una prensa profesional y no sensacionalista, el amarillismo es sinónimo de ligereza, de irrespeto y  falta de valores.

Empleemos nuestras Embajadas a lo largo del mundo, instar al gobierno y a Ministerio de Relaciones Exteriores a nuestra Cancillería, para que los Diplomáticos asignados a esas sedes, sean mas agresivos en difundir y aclarar nuestra verdadera situación interna,  nuestras Agregadurías Militares deben formar parte de ese equipo de trabajo, ello implica la preparación en ese sentido a nuestros oficiales; acudamos a instancias Internacionales en busca de apoyos en la Defensa de nuestra Institución y de sus integrantes;  a manera de ejemplo existe en la ONU, el Alto Comisionado de Derechos Humanos y dentro de sus responsabilidad también, el Grupo de Trabajo de detención arbitraria , recurramos a esos  mecanismos Internacionales ensenémosle y expliquemos la verdad de cada caso,  debemos ser agresivos y erradicar la imagen de una Fuerza Publica contravenida.

Se debe analizar y mirar con cuidado la legislación de los Resguardos Indígenas, pues infortunadamente para nosotros y una vez más no hemos sido lo suficientemente hábiles para notar que están siendo empleados por los enemigos para lograr algunos de sus objetivos; eran otras épocas aquellas en que, para apoyar y permitir como corresponde, la existencia de esa etnia, no habría que tener mayores prevenciones  para respetar sus costumbres y ayudarles a conservar su hábitat, su territorio, su cultura; los actuales momentos son otros y ameritan consideraciones especiales e investigativas, estos territorios por la inmunidad en varios aspectos que ellos tienen, están siendo empleados y contaminados con malos propósitos, poco a poco se han convertido en  guarida de la guerrilla; miremos el caso del Departamento del Cauca.

La procuraduría, la contraloría, la Fiscalía, la Corte Suprema de justicia deben comprender que las instituciones armadas legítimamente constituidas, como lo son  ellos, son la esencia de la defensa del país, representan la legalidad, no somos los enemigos de la Patria, sin duda hay errores, hay falencias que se están  revisando, pero no arremetan con la furia y con la falta de análisis como lo están haciendo, somos de los mismos, somos el lado bueno de la patria.
Es esperanzador saber que estamos estimulando el cambio, pero el camino es largo aun, ¡¡¡adelante, defendámonos!!!

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domingo, 24 de julio de 2011

El Arte operacional en la estrategia y el caso colombiano

PPor el MG Hernando A. Ortiz Rodríguez- Miembro del Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar

Definiciones y conceptos

En lo relativo al Arte operacional y sobre todo, a la Estrategia, mucho se ha escrito del tema y por lo mismo, existen tantas definiciones como tratadistas. En  Consecuencia, para simplificar abordaremos el tema a partir del legado de Clausewitz que nos define la estrategia como “el arte de mover las tropas en el teatro de la guerra para ganarla” (Clausewitz, 1984), pero es válido aclarar que la palabra se deriva del griego Stratros, (Ejército) y Agein (conductor o guía), que estimo que estimo conveniente complementar con la definición del General Bonnal  quien sostenía que “la estrategia es el arte del alto mando, el de concebir, en oposición a la táctica que es ejecutar”.
De la misma manera, abordemos el Arte operacional como lo define Navajas  que cataloga el término “como un conjunto de conceptos que permite utilizar medios militares y no militares en un teatro de operaciones para concebir una campaña u operación mayor, que posibilita traducir los objetivos estratégicos en acciones tácticas, orientadas a alcanzar el estado final deseado del Comandante del teatro y del nivel estratégico; es el hábil empleo de Fuerzas Militares para alcanzar objetivos estratégicos y operacionales mediante el diseño, organización, integración y conducción de campañas, operaciones mayores y batallas. Determina cuándo, dónde y con qué propósito las Fuerzas Militares conducirán operaciones, además de otras consideraciones”. (Navajas Santini, 2006).
Toda esto no sólo aplica para la guerra regular sino que también es pertinente en la guerra irregular o asimétrica; por eso para el caso colombiano es viable y adecuado apreciar, planear y desarrollar planes y campañas en la neutralización de la narcoguerrilla como en efecto se han tenido y aplicado enmarcados en el concierto internacional que ayuda positiva o negativamente en la solución.
Pero retomemos el significado del Arte operacional. Bien lo explica Vicente Rojo  en su libro Elementos del arte de la guerra (Rojo, 1947), donde define las ramas del conocimiento que integran el arte militar dividiéndolas en la filosofía de la guerra basada en la historia, la geografía, la política, y en unas ciencias fundamentales como el derecho, la sociología, la economía, complementada en la organización comprendida como los efectivos (cuadros y tropas) las armas, la instrucción, la organización territorial que me atrevería a completar con el apoyo de la población y las comunicaciones.
Así, todo el anterior bloque nos permite la concepción de la guerra y cuyo producto será aplicado a través de la estrategia que al ir descendiendo de escalón combina la logística y la táctica en los planes de campaña los cuales, al llevarlos a la práctica, se tornan en el Arte operacional, es decir, con un contenido personal del general a cargo y cuyo toque dependerá de factores como el liderazgo, su preparación, su capacidad para delegar cuando es necesario, su libertad de acción, su poder de combate, su valentía, entre otros y, que al mezclarlos, como hace el artista con el cincel, la arcilla o el pentagrama los convierte en una obra que en este caso será la victoria y la consecución de objetivos políticos perseguidos porque también es cierto que “siendo la política la que determina la guerra para conseguir sus objetivos, deberá ser ella quien inspire las concepciones y los planes estratégicos” (Montt Martínez, 1955).
Sobre la evolución del arte de la guerra hay muchos tratadistas, destaco a Nicolás Maquiavelo quien en su obra El arte de la guerra publicada en 1521 identifica la relación entre lo militar y lo político concediendo importancia al arte, al planeamiento, al detalle como factor de éxito para lo cual sostenía que el Estado quedaba asegurado solamente cuando el estamento militar ocupaba su debido lugar en el orden político. A su turno, el barón de Jomini presentó en su teoría la estrategia y la inteligencia como pilares del arte militar sirviendo como modelo aún antes de Clausewitz. Sin embargo, el modelo más destacado de la estrategia clásica sigue siendo Clausewitz quien diferenció la Táctica y la Estrategia y ubicó el límite entre lo político y lo militar dando importancia a la guerra como la consecuencia de la búsqueda de objetivos políticos a través de la fuerza, lo cual influyó notoriamente en las guerras mundiales del siglo XX.
Lo primero que encontramos unido al concepto de estrategia es el Arte operacional. El Arte operacional supera en amplitud y en profundidad  a dos ciencias militares: la Táctica y la Logística donde la Táctica, es el arte (o la ciencia) habilitada para disponer, mover y emplear en un campo abierto (o teatro de operaciones) las unidades (o los medios) de combate, teniendo en cuenta de medios disponibles para los dos contendientes (o ejércitos). La Estrategia recibe de la Política propósito de la acción). La Estrategia opta entre varios modos de satisfacer fines, estudia inconvenientes y ventajas en términos dialécticos y aunque no las selecciona, sí las propone en el mejor orden de cumplimiento; siempre queda claro que la Estrategia se limita a responder la coherencia del modo militar propuesto para operar en búsqueda del objetivo político y que al proyectarlo hacia abajo en los niveles de mando se traduce en Arte operacional y este generalmente comprende lo terrestre, lo naval y lo aéreo.


Los modelos estratégicos

Para ir aproximándonos al caso colombiano traigo a colación la clasificación que hace el Instituto Español de Estudios Estratégicos   para identificar  ocho tipos de modelos estratégicos que en la actualidad se aplican universalmente, ellos son:
1.- La acción directa es la concentración del poder de combate en un lugar decisivo, la usaron Napoleón en sus guerras, los aliados en Normandía en la II Guerra Mundial.
2.- La aproximación indirecta consiste en ir alcanzando objetivos sin com prometerse hasta definir en una sola acción en la que se aplica todo el poder  disponible.
3.- La agresión indirecta corresponde a una situación sin declaración formal del estado de guerra, en la que juega como muy influyente la amenaza de intervención de un tercero, muy poderoso, que desequilibrará a las partes en conflicto con su presencia cerca del escenario.
4.- La lucha prolongada se deriva del concepto mixto de guerra irregular, de guerra de movimientos y de guerra de guerrillas; es la que hace uso de la mayor duración de las luchas; Corresponde a una situación relativa de fuerzas en la que una de las partes busca la supervivencia de sus objetivos con medios escasos y sin armamento especializado. Se plantea algunas veces como lucha de liberación nacional y otras, como proyecto de un cambio revolucionario de la estructura social, este modelo usado por Mao en China es el usado por las Farc con las modificaciones aplicadas en Vietnam como lo veremos adelante.
5.- La presión directa la aplicó Alemania para comienzos de la guerra cuando por la fuerza anexó a su territorio a Austria, Checoslovaquia, Polonia y otros.
6.- La insurrección armada recíproca entre dos poderes de carácter interno o social, uno público y otro clandestino. Puede ser la lucha de clases. El modelo de la insurrección armada –también llamado el de la subversión social- no puede improvisarse. Este busca un plan que se hará público si se dan condiciones objetivas favorables para llegar a la insurrección generalizada.
 7.- La disuasión convencional es la que deriva  de una política  de  defensa nacional   de fronteras terrestres y marítimas, corresponde a una situación en la que la decisión es la de obtener ventajas  sin abrir  nuevas hostilidades.
8.- La disuasión nuclear, es en la que  dos partes de un conflicto utilizan la  amenaza de empleo de sus armas de destrucción masiva, generalmente nucleares para obtener ventaja o alcanzar sus objetivos.
De acuerdo con la anterior clasificación tenemos que en Colombia las bandas narcoterroristas como las FARC y el ELN aplican los modelos de la lucha prolongada y la insurrección armada, esto puede evidenciarse en sus planes estratégicos, mientras el estado busca neutralizarlas con la acción directa y la aproximación indirecta lo cual puede constatarse en las políticas que generan la estrategia militar traducidas en planes y campañas que sin duda han sido exitosas en los últimos diez años pero que podría debatirse porqué la amenaza no ha desaparecido y porqué tan lentamente; en mi concepto ha faltado voluntad política al estado para derrotarla y eso se evidencia en que el estado compuesto por la rama ejecutiva que se ha empleado a fondo y con voluntad no logra armonizar el esfuerzo del legislativo que va a otro ritmo sin crear las suficientes herramientas legales para enfrentar la lucha ni con el judicial que no garantiza siempre adecuadamente el esfuerzo y en no pocas veces toma partida de manera politizada haciendo estéril el empleo del poder nacional para ganarle el pulso a la amenaza y desmoralizando de paso el músculo militar que se ve reducido o desprotegido.

Las FARC en el contexto de los modelos

Las Farc han demostrado un proceder ortodoxo basado en el modelo de guerra popular prolongada, ideado por Mao como ya lo dijimos y refinado por los vietnamitas en la indochina (Ortiz R, 2009)  en la que como se explica en  las siguientes gráficas buscan la toma del poder:
Se muestran los estadios que se allanan para la toma del poder; se complementa lo implementado por el General Vo Nguyen Giap en Vietnam con relación a las milicias en las que considera fundamentales para el propósito de la toma del poder y copiado textualmente por las FARC cuando se reorganizan así:
Guerrillas más milicias = Ejercito del pueblo
Ejercito del pueblo más partido político = Insurrección popular
Insurrección popular más ofensiva militar = Insurrección general
Insurrección general mas acciones políticas y diplomáticas = Toma del poder.


Grafica No1: GG. Guerra de guerrillas; GM Guerra de movimientos; GP guerra de posiciones;
TP Toma del poder.


Grafica No2 Situación en Vietnam durante la guerra con EEUU.




Gráfica No 3.  Conflicto colombiano en los últimos años.

Para nuestro caso colombiano conviene repasar que las bandas narcoterroristas FARC y ELN han diseñado desde tiempo atrás sus planes estratégicos que si bien han sido neutralizados por las FFMM y la Policía Nacional y no lograron pasar del segundo estadio, persisten en su empeño para lo cual no desisten en su cumplimiento. En el caso de las FARC es más evidente pues si bien sufrieron derrotas significativas en los últimos años que los hicieron adoptar la defensa estratégica en la cual permanecen, con pérdida de cabecillas y su consecuente deterioro del comando y control a sus estructuras, a sus actividades de tipo logístico, crecimiento, control de corredores y pérdida de influencia de las milicias,  se vieron en consecuencia obligados a repensar la lucha y a regresar al primer estadio de la guerra revolucionaria como lo es la guerra de guerrillas , pero sin que hubiesen modificado su plan estratégico dando la impresión de estar empeñados en poner en ejecución el “plan B” que apuntaría a desplegarse en el sur occidente del país en lugar de desplegarse en el centro de la cordillera oriental.
Lo anterior  debe generar un profundo análisis cuantitativo y cualitativo de las estructuras, del narcotráfico y de las bandas criminales a la par de un empleo a fondo de las agencias de inteligencia del estado para lo cual se debería repensar sus roles.
Hacia una reflexión abierta
En ocasiones anteriores he tenido la oportunidad de escribir acerca de la evolución de la guerra revolucionaria y el modelo adoptado por las FARC como lo explicamos,  por eso un conflicto como el Colombiano, planteado por las ya mencionadas bandas narcoterroristas,  agravado por la aparición de otras bandas criminales(BACRIM), la corrupción, la descomposición social, el narcotráfico y lo que algunos denominan aceleradores o generadores de violencia deben ser motivo de enfrentarlos juiciosamente por parte del estado con una estrategia como la que se ha adoptado sin que ello signifique que no se pueda revisar  y ajustar periódicamente; por ello vale la pena analizar en que estamos frente a la situación política electoral que  acaparará la atención nacional por el interés regional que encierra, también frente al resultado obtenido en desarrollo de las estrategias implementadas, frente a la situación económica y social de la nación generada por los daños climáticos, frente a la situación regional y frente a las alianzas, apoyos y acuerdo bilaterales y multilaterales que contribuyan a la solución del  problema.
No requiere mucho análisis asumir  un  tema tan  sensible como importante en el esfuerzo como lo es la real definición de roles en los organismos de seguridad en lo atinente a inteligencia y operaciones que sinergice el esfuerzo, optimice los recursos y genere un resultado medible, palpable en el tiempo y en la eficacia, tareas estas que inician en el resorte ministerial y que con timidez  se han manejado históricamente en la práctica sin verdadera y clara definición.
En consecuencia le corresponde al alto gobierno y su músculo diplomático neutralizar las acciones políticas que aprovechando los gobiernos vecinos muy a menudo hostiles a nuestros intereses, las bandas terroristas desarrollan más allá de nuestras fronteras y que en la práctica es permitir que estas organizaciones se fortalezcan, crezcan y establezcan áreas bases a salvo de la acción de nuestras fuerzas que a futuro puede significar el recrudecimiento  del conflicto, esto puede explicar en cierta forma el recrudecimiento de las BACRIM que dan la sensación de servir como Outsorcing a las bandas narcoterroristas evitándoles el desgaste directo.
Desde el punto de vista Militar y a pesar del esfuerzo institucional realizado en el tema educacional, es menester fortalecer este campo  para que a través del conocimiento, entrenamiento y reentrenamiento militar, liderazgo, principios y valores, sentido de solidaridad y cultivo de la deontología Militar no solo fomente y fortalezca la moral en todos los niveles sino que también estimule y haga fuerte e intocable el centro de gravedad institucional constituido por la legitimidad y la credibilidad frente a la opinión pública complementada con un esfuerzo jurídico mediante la creación de una Unidad de Trabajo Jurídico Conjunto (U.T.J.C.) conformada por elementos de todas las fuerzas , Policía, DAS, Fiscalía, Procuraduría y defensoría del pueblo para que acompañe, asesore, apoye todas las operaciones además de enfrentar  de manera centralizada con abogados especializados la  guerra jurídica  como única garantía a los integrantes de las Fuerzas Militares y de Policía de no enfrentar líos judiciales originados en su trabajo operacional.
En lo referente a la estrategia Militar operativa sería valioso implementar con mayor énfasis el esfuerzo regional para lo cual es imperativo mejorar e impulsar la doctrina conjunta mediante el fortalecimiento de los Comandos Conjuntos y las Divisiones, su coordinación con la Policía y demás organismos de seguridad que no solo garantice  sostenibilidad , continuidad y simultaneidad en los apoyos de Combate y logísticos sino en la asignación de objetivos medibles y limitados en el tiempo, con autonomía operacional intervenida ( debe existir el control, apoyo y dirección de una fuerza o del Comando General de las FFMM).
De la anterior reflexión se deriva que para esto, será necesario reorientar la inteligencia Militar en todos los niveles con el propósito de garantizar  un flujo de informaciones que den dinámica operacional al comando respectivo; es obvio que la estrategia debe generar resultados de afectación regional y no solo tendiente a neutralizar el plan estratégico de las FARC. Asimismo, también deben prepararse objetivos complementarios contra el ELN, BACRIM, DELINCUENCIA ORGANIZADA, NARCOTRAFICO a la par de un plan vigoroso de acción integral que soporte el esfuerzo operacional, teniendo como común denominador la flexibilidad, apoyo mutuo, articulación con los objetivos estratégicos y la legitimidad.
De manera centralizada se puede continuar con el esfuerzo para golpear blancos estratégicos contra cabecillas, estructuras de apoyo, líneas o corredores de comunicación, rescate de secuestrados y no solo fortalecer sino redireccionar las unidades como la FTC OMEGA, la FUCAD, las Fuerzas de tarea regionales  con base a la situación existente y a los objetivos seleccionados y en desarrollo, como parte de la estrategia tendiente a anular el sistema de comando y control de las FARC dentro de sus áreas de retaguardia y de operaciones o desde y hacia el resto del territorio nacional que sirva para mantenerlos en desgaste continuo y a la defensiva estratégica .
De otro lado, existen dos factores de control urbano y semirural prioritarios que si bien funcionan, necesitan reorientación o fortalecimiento y es el programa de soldados de mi pueblo o soldados campesinos, tan claves y necesarios para coadyuvar en el aislamiento de las estructuras narcoterroristas de la población civil y de la consolidación en áreas ganadas que permitirán al estado no solo la gobernabilidad y el imperio de la ley sino también el desarrollo económico regional con incidencia en la economía nacional ; su presencia es clave en municipios alejados y de difícil acceso cuyo trabajo no solo sirve de  apoyo a las mismas tropas, también lo es como control de redes de cooperantes, neutralización de milicianos, control de vías secundarias y terciarias, coordinación y apoyo permanente  en trabajo estrecho con la policía nacional generando un clima de seguridad adecuado y consecuente con las necesidades de la  población civil.
En segundo lugar implica fortalecimiento de la Policía Nacional y prioridad de empleo en las áreas urbanas con énfasis en las ciudades grandes e intermedias que no solo haga frente a las nuevas formas de delincuencia sino también neutralice el trabajo de las milicias, mejore la seguridad ciudadana y garantice a la población el ejercicio de sus derechos.
La suma de los efectos de las operaciones a nivel regional, el esfuerzo centralizado y el apoyo de la comunidad internacional logrado con la ofensiva  diplomática para garantizar que al otro lado de las fronteras no se establezcan santuarios, repercutirá en el concierto nacional y su consecuencia será el debilitamiento de las organizaciones narcoterroristas que las obligue a negociar con el estado pero en condiciones favorables al establecimiento y que por fin se logre para la nación Colombiana la paz y la garantía de ejercicio de la libertad.
En conclusión, a la voluntad política de las ramas del poder público de manera armónica, la revisión y mejoramiento de las políticas que se han implementado y que generan la estrategia militar del segundo y tercer nivel, la revisión de roles institucionales, los reajustes a los planes de campaña dando el mayor énfasis en los teatros de guerra regionales sumado a la garantía de tres condiciones como son la continuidad, la simultaneidad y la sostenibilidad harán que la amenaza de las bandas narcoterroristas y criminales de hoy sean derrotadas por el estado.

Bibliografía
Clausewitz, C. V. (1984). On War. Princeton, NJ: Princeton University press.
Instituto Español de estudios estratégicos. (Agosto de 2010). Documento de analisis No 08/2010. Recuperado el Diciembre de 2010, de ieee.es.
Montt Martínez, M. (1955). La guerra, su conducción política y estratégica. Santiago, Chile: Biblioteca del oficial.
Navajas Santini, R. (03 de 2006). El arte operacional y la estrategia conjunta. Revismar, pág. 16.
Ortiz R, Hernando. (2009). Reflexiones estratégicas. Revista de Relaciones internacionales, Estrategia y seguridad , 171.
Rojo, V. (1947). Elementos del arte de la guerra. Madrid, España: Publicaciones del ministerio de defensa.