Quienes somos

"Un grupo de colombianos, militares y civiles de reconocida experiencia a nivel nacional e internacional, conformado para analizar y debatir problemas importantes sobre la defensa y seguridad nacional".

lunes, 21 de junio de 2010

Editorial de la Semana

UNA GUERRA LARGA, INJUSTA Y COSTOSA PARA LOS MILITARES



En estos aciagos momentos que vivimos los militares colombianos, se hace propicio hacer algunas reflexiones para tratar de analizar lo que nos está sucediendo, frente a un panorama adverso y con muy pocos aliados. Es incomprensible, que valores tan importantes, como el sacrificio, la entrega incondicional, la obediencia, el honor, la lealtad, la abnegación, la disponibilidad permanente, no sean reconocidos por los conductores de la opinión nacional, quienes terminan desorientando y moldeando el veredicto de los colombianos. Hay que tener mucho coraje y desprendimiento para asumir la gran responsabilidad de proteger a una sociedad que, mientras duerme o se divierte, ignora y menosprecia a los garantes de su libertad. Sin embargo, creemos que ha sido  más el producto de quienes manejan la opinión que el sentimiento real de los colombianos; recordemos que los medios han sido tradicionalmente adversos e injustos con los militares.


La explicación de todo esto, se remonta a los orígenes de nuestra problemática, basada en las oscuras formas de lucha de la subversión terrorista que, a lo largo de tantos años ha logrado sembrar un sentimiento anti-militar en nuestra sociedad. A los militares solo se les alaba y adula en situaciones de crisis, pero se les olvida cuando retorna la normalidad. La explicación de esta animosidad e indiferencia, radica en la guerra política e ideológica en la que hemos estado inmersos durante tantos años, en la cual los militares han llevado el mayor desgaste, por ser los que enfrentan con las armas a los enemigos de la patria.

La crítica mediática en Colombia tiene un fenómeno muy particular, ha estado dirigida casi exclusivamente hacia dos poderes del Estado: el Ejecutivo y el Legislativo, y dentro del primero particularmente las Fuerzas Militares; tal pareciera que el poder judicial  fuera dirigido por arcángeles, no se tiene el más mínimo derecho de objetarlo; Ay de aquel que se atreva a criticar sus acusaciones y fallos aunque sean burdamente parcializados, porque le caen rayos y centellas, incluso de organizaciones internacionales, que, por otra parte,  permanecen indiferentes ante los desafueros del terrorismo de izquierda. Se advierte un apoyo incondicional e irreflexivo de los medios masivos de comunicación  a fiscales y jueces, aun por acusaciones temerarias y fallos amañados, mientras se fabrican denuncias y condenas en escandalosos titulares, sometiendo las personas al escarnio público sin el derecho al debido proceso.

En particular, los últimos ocho años han resultado paradójicamente catastróficos; la nula capacidad para demostrar la necesidad del fuero militar, hoy más reducido que nunca y casi imposible de recuperar, lo condujo a su desmonte; razón por la cual pasamos a ser juzgados por  detractores y opositores ideológicos, dando como resultado la reapertura de investigaciones ya prescritas, el incremento exagerado de militares detenidos, investigados y juzgados, por supuestos delitos que se presentaron durante el cumplimiento de su deber.

En este intrincado país cada vez más se consolidan las variadas formas de hacer la guerra, y una de ellas ha sido la infiltración del poder judicial, donde existen funcionarios a quienes nunca se les ha cuestionado por sus militancias políticas, en medio de una guerra irregular comunista,  en donde no solo es bien difícil, sino imposible, distinguir un civil transparente de un aliado de la subversión armada.

Nuestros detractores vendieron con mucha habilidad la ineficacia de la Justicia Penal Militar, por considerarla parcializada, benévola e inoperante, pero más grave fue la incapacidad y falta de interés para defenderla. Sin embargo, seria ilógico no reconocer los desafueros y fallas cometidas por muchos militares en estos años de lucha, producto de la guerra misma; tampoco las Fuerzas Militares se han escapado de los errores y excesos que en ocasiones han enlodado la imagen institucional; eso sucede en todas los Ejércitos y Policías del mundo, pero nunca en la dimensión que están tratando de probar los enemigos de la institución, para demostrar que la violación de los Derechos Humanos ha sido una política institucional.

Como un agravante a la problemática expuesta, el Alto Mando se ha acomodado silenciosa y abnegadamente a esta situación, adaptándose a las “nuevas circunstancias de la guerra”, condiciones hábilmente impuestas por organizaciones internacionales afectas a los intereses de nuestros adversarios. Este desalentador panorama se ve agravado por la falta de afinidad de criterios entre activos y retirados, que cada vez se ven más distanciados. A las reservas solo se les tiene en cuenta para los actos protocolarios y no como aliados experimentados que pueden aportar, como sucede en todas las Fuerzas Militares del mundo.

Como consecuencia de esta cruda realidad, será tal vez el más grande compromiso de las nuevas generaciones de mandos militares, en particular el Comandante General, quien tendrá que mantenerse más cerca de la realidad interna, con el fin de interpretar las aspiraciones y necesidades institucionales. Para ajustarse al contexto internacional no es necesario ceder en los principios y tradiciones institucionales, ni mucho menos aceptar culpas y acusaciones  manipuladas a quienes cumplieron la misión y dirigieron la institución en el pasado. Todos los mandos del momento formaron parte del pasado reciente y también fueron victimas de las injusticas de esta guerra. Será urgente demostrar la necesidad del fuero para tratar de recuperarlo, fortalecer la Justicia Penal Militar y obtener el apoyo sincero  y decidido de sectores tradicionalmente desafectos. Es importante no dejarse llevar por las artificiosas encuestas de aceptación, que normalmente son el resultado de situaciones coyunturales en épocas victoriosas.

La unión con las reservas activas es urgente y necesaria, la afinidad en los objetivos por alcanzar serán de infinita prioridad; el contacto y franqueza permanente con sus antecesores, deberá servir de apoyo para manifestar aquellas cosas imposibles de opinar por los uniformados.  Nunca podremos olvidar que la institución se mantiene por la preservación de sus tradiciones, la unión monolítica de sus miembros, la transparencia de su accionar, la fortaleza y moral de sus tropas y el carácter y compromiso de los que tienen la responsabilidad de dirigirlas.

Bogotá, D.C, Junio 20 de 2010

Centro Colombiano de Pensamiento Político Militar